El mundo de sofia

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La política como moral
VICTORIA CAMPS

1. Ética y política

En el año 1963, dos años antes de ser expulsado de la Universidad, Aranguren se embarca en la empresa de un seminario sobre «Ética y política». En apariencia, el seminario se propone abordar la manida cuestión -no tan manida entonces, entre nosotros, como ha llegado a serlo luego- de la imposible relación entre la ética y lapolítica: ¿realismo maquiavélico", ¿incompatibilidad trágica de estilo sartriano?, ¿¡ncompatibilidad dramática? Tales preguntas son, en efecto, el punto de partida. Pero la intención del seminario, luego libro 1, es más original y defiende una tesis más arriesgada. Aranguren se propone desarrollar y justificar nada menos que la «institucionalización» de la moral por la política. La idea de que no bastaquedarse con una moral personal, de la conciencia, no: la moral debe «socíalizarse», convertirse en una empresa colectiva, común y compartida. La política ha de unirse a la ética: ética y política. Si tomamos como punto de referencia la distinción kantiana entre «la moral política» y «la política moral», junto a la valoración que Kant hace de ambas posibilidades, no hay duda de que Aranguren optapor la propuesta kantiana. Una moral política sería una aberración, mientras una política moral es, precisamente, el fin que debemos desear para la política. Leamos el fragmento de La paz perpetua: «puedo concebir un político moral, es decir, un político que entiende los principios de la habilidad política de modo que puedan coexistir con la moral, pero no un moralista político, que se forje unamoral útil a las conveniencias del hombre de Estado» 2. Esto es, la política es moralmente legítima como sujeto de la moral, nunca como un atributo que la determina para pqnerla a su servicio. La política debe aspirar a ser moral; la moral no debe condescender ante los condicionantes de la política. Aranguren, es cierto, no utiliza el texto kantiano. Sin embargo, su «ética de la aliedad» -a la quevoy a referirme a continuación- está muy próxima a este rechazo de una política maniobrera de la moral, y a favor de una política servidora de ideales y principios morales: una política que sea de veras moral. El tema que le interesa aclarar a Aranguren, tras haber pasado revista a las diversas teorías que cuestionan radicalmente la relación posible entre moral y política, es el de la «moralización»de la vida política. ¿Cómo podría el Estado impregnarse de moral? La primera respuesta, quizá la más obvia
I

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Ética y política, Guadarrama, Madrid, 1963; Obras Completas, 3. I. Kant, La paz perpetua, Tecnos, p. 48.

ISEGORW15 (1997)

pp. 181·189

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Victoria Camps

y convincente, es la que entiende tal moralizacíón como un proceso de abajo arriba: moralización del Estado porlos individuos o moralización del Estado por los grupos sociales. Montesquieu, Rousseau, Marx, el mismo Sartre auspiciarían esa visión cambiando, por supuesto, los nombres. La Ilustración, en efecto, se propone hacer del individuo un ciudadano, la misión del cual es la de racionalizar el Estado. Marx y el marxismo -de Sartre o de otrosauguran una transformación de la sociedad -finalmente, sinnecesidad de Estado ni de aparatos coactivos de ningún tipo- operada por la fuerza de revoluciones grupales 3. A este tipo de transformación la llama Aranguren «ética de la alteridad»: el Estado es el resultado del pacto o de la revolución social. Es una posibilidad insatisfactoria. Insatisfactoria porque el Estado parece ser un fenómeno originario, que debe tener implícito el poder de su propiatransformación. Aranguren propone, en consecuencia, otra forma de entender la relación entre ética y política: la «ética de la aliedad». Como si la ética tuviera que ser una fuerza más intrínseca a la misma política. O como si la ética o la moral mostraran su propia insuficiencia sin la vinculación a un proyecto originariamente comunitario social. «Como escribió Helvecio, la moral es una ciencia...
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