El mundo del fin del mundo

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LUIS SEPULVEDA
MUNDO DEL FIN
DEL MUNDO
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_____________ A mis amigos chilenos y argentinos que defienden la preservación de La Patagonia y de la Tierra del Fuego. A su generosa hospitalidad A los tripulantes del nuevo Rainbow Warrior, nave insignia de Greenpeace A Radio Ventisquero de Coyaique, la voz del mundo del fin del mundo____________________________________________________________

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Escaneado por Martin Scachi Primera Parte 1 «Llamadme Ismael..., llamadme Ismael...», repetí varias veces mientras esperaba en el aeropuerto de Hamburgo y sentía que una fuerza extraña otorgaba cada vez mayor peso al delgado cuadernillo del pasaje, peso que aumentaba conforme se acercaba la hora de salida. Habíaatravesado el primer control y me paseaba por la sala de embarque aferrado al bolso de mano. No llevaba demasiadas cosas en él: una cámara fotográfica, una libreta de apuntes y un libro de Bruce Chatwin, En La Patagonia. Siempre he aborrecido a los que hacen rayas o anotaciones en los libros, pero aquél estaba lleno de subrayados y signos de exclamación que fueron en aumento luego de tres lecturas. ypensaba leerlo por cuarta vez durante el vuelo hasta Santiago de Chile. Siempre quise regresar a Chile. Tuve ganas, pero a la hora de la determinación pesó más el miedo, y los deseos de reencontrarme con mi hermano y los amigos que allá tengo se transformaron en una promesa en la que, de tan repetida, creí cada vez menos. Llevaba demasiados años vagando sin rumbo fijo, y los deseos de detenerme aveces me aconsejaban un pequeño pueblo de pescadores en Creta, Ierápetras, o una apacible ciudad asturiana, Villa Viciosa. Pero algún día cayo en mis manos el libro de Chatwin para devolvenne a un mundo que creí olvidado y que me estaba esperando: el mundo del fin del mundo. Luego de leer por primera vez el libro de Chatwin me entró la desesperación por volver, pero La Patagonia está más allá de lassimples intenciones del viajero, y la distancia se nos muestra en su real envergadura cuando los recuerdos emergen como boyas en el agitado mar de los años más intensos. Aeropuerto de Hamburgo. Los demás viajeros entraban y salían de la tienda libre de impuestos, ocupaban el bar, algunos se mostraban nerviosos, consultaban sus relojes como dudando de la puntualidad repetida en docenas de aparatoselectrónicos. Se acercaba el momento en que abrirían las puertas de salida, y tras revisar las tarjetas de embarque seríamos conducidos en un bus hasta el avión. Yo pensaba que regresaba al mundo del fin del mundo luego de veinticuatro años de ausencia.

2 Era muy joven por entonces, casi un niño, y soñaba con las aventuras que me entregarían los fundamentos de una vida alejada del tedio y delaburrimiento. No estaba solo en mis sueños. Tenía un Tío, así, con mayúsculas. Mi Tío Pepe, más heredero del carácter indómito de mi abuela vasca que del pesimismo de mi abuelo andaluz. Mi Tío Pepe. Voluntario de las Brigadas Internacionales durante la guerra civil española. Una fotografía junto a Ernest Herningway era el único patrimonio del que se

Escaneado por Martin Scachi sentía orgulloso,y no cesaba de repetirme la necesidad de descubrir el camino y echarse a andar. De más está indicar que el Tío Pepe era la oveja negrísima de la familia, y que cuanto más crecía yo, nuestros encuentros se volvían cada vez más clandestinos. De él recibí los primeros libros, los que me acercaron a escritores a quienes jamás he de olvidar: Julio Verne, Emilio Salgari, Jack London. De él tambiénrecibí una historia que marcó mi vida: Moby Dick, de Herman Melville. Tenía catorce años cuando leí aquel libro, y dieciséis cuando no pude resistirme más a la llamada del sur. En Chile, las vacaciones de verano duran de mediados de diciembre a mediados de marzo. Por otras lecturas supe que en los confines continentales preantárticos fondeaban varias pequeñas flotas de barcos balleneros, y ansiaba...
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