El niño feo de asimov

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TEXTOS DE ISAAC ASIMOV
MIÉRCOLES 9 DE ENERO DE 2008
EL NIÑO FEO
Edith Fellowes se alisó la bata de trabajo como hacía siempre antes de abrir la compleja cerradura de la puerta y cruzar la invisible línea divisoria que separaba el es del no es. Llevaba la libreta y el bolígrafo, aunque ya no tomaba notas excepto cuando consideraba absolutamente necesario hacer algún informe.
En esta ocasiónllevaba también una maleta. («Juguetes para el niño», había dicho ella, sonriente, al vigilante, que desde hacía tiempo había dejado de hacerle preguntas y que le indicó que podía pasar.)
Como siempre, el niño feo supo que ella había entrado y se acercó corriendo.
— ¡Señorita Fellowes! ¡Señorita Fellowes! —gritó con su blanda e indistinta voz.
—Timmie... —dijo ella, y pasó la mano por el tupidocabello castaño que cubría la desfigurada cabecita—. ¿Qué ocurre?
— ¿Volverá Jerry para jugar otra vez? Siento lo que pasó.
—Eso no importa ahora, Timmie. ¿Por eso llorabas?
El niño bajó los ojos.
—No sólo por eso, señorita Fellowes. He soñado otra vez.
— ¿El mismo sueño?
Los labios de la señorita Fellowes se fruncieron. Claro, el incidente con Jerry había hecho volver el sueño.
El niñoasintió. Sus dientes, demasiado grandes, asomaron cuando intentó sonreír, y los labios de su sobresaliente boca se estiraron al máximo.
— ¿Cuándo seré bastante grande para salir, señorita Fellowes?
—Pronto —dijo ella en voz baja, sintiendo que se le partía el corazón—. Pronto.
La señorita Fellowes dejó que el niño le tomara la mano y gozó con el cálido tacto de la gruesa y seca piel de la palma.El niño la llevó por las tres habitaciones que formaban el conjunto de la Sección Uno de Estasis; acogedoras, cierto, pero una prisión eterna para el niño feo durante los siete años (¿eran siete?) que llevaba de vida.
El niño la condujo a la única ventana, con vistas a un boscoso fragmento lleno de matorrales del mundo del es (en aquel momento oculto por la noche), donde una valla e instruccionespintadas prohibían a cualquier hombre adentrarse sin permiso.
El niño apretó la nariz contra la ventana.
— ¿Afuera, señorita Fellowes?
—Mejores lugares. Lugares más bonitos —dijo tristemente ella, mientras contemplaba la pobre cara encarcelada perfilada en la ventana.
La frente del niño se hundía planamente, y su cabello caía en mechones sobre ella. La nuca sobresalía y parecía un pesoexcesivo para la cabeza, de forma que ésta se inclinaba hacia delante y obligaba al cuerpo a adoptar una postura encorvada. Óseos bordes habían provocado ya un abultamiento en la piel de los ojos. La ancha boca sobresalía más que la amplia y achatada nariz, y el niño carecía de barbilla propiamente dicha; sólo tenía una mandíbula de lisas curvas. Era bajo para su edad, y tenía las piernas cortas,gruesas y torcidas.
Era un niño terriblemente feo, y Edith Fellowes lo amaba intensamente.
La cara de la enfermera quedaba fuera de la línea de visión del niño, por lo que permitió a sus labios el lujo de un temblor.
No lo matarían. Ella haría cualquier cosa para impedirlo. Cualquier cosa. Abrió la maleta y empezó a sacar la ropa que contenía.
Edith Fellowes había cruzado por primera vez el umbralde Estasis, Inc., hacía poco más de tres años. Entonces no tenía la menor idea sobre el significado de Estasis y la tarea de la sociedad. Nadie lo sabía entonces, excepto las personas que trabajaban allí. De hecho, sólo un día después de la llegada de la enfermera se dio la noticia al mundo.
En aquel entonces, fue simplemente un anuncio de Éxtasis solicitando una mujer con conocimientos defisiología, experiencia en química clínica y amor a los niños. Edith Fellowes era enfermera en una sala de maternidad y creía satisfacer dichos requisitos.
Gerald Hoskins, en cuyo escritorio figuraba una placa que indicaba su título de doctor, se rascó la mejilla con el pulgar y miró fijamente a la aspirante.
La señorita Fellowes se irguió automáticamente y notó que se le crispaba el rostro, de nariz...
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