El olvido que seremos

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Este libro fue recomendación acertadísima de Jesús (La Buena Vida).

Es difícil transmitir de manera fiel la perspectiva tremendamente personal con la que se mira a un ser querido. Mucho más si a esa persona la engrandece un final abrupto y trágico. Pero Héctor Abad ha logrado pintar, con suave prudencia, pero con sentimientos muy claros, la figura de su padre en este relato equilibrado,emotivo, pero racional; reposado y completamente convincente.

La mayor cualidad de esta narración es el modo con el que el autor te hace cómplice de su ternura y la vehemencia de unos recuerdos que son sobre todo de infancia y, por lo tanto, se presentan con el toque de inconsciencia que la acompaña. Poco a poco estos rasgos sutiles se van solidificando hasta crear una figura completa y rotunda,que le aporta a su infancia la seguridad, el apoyo y el amor incondicional que le va a reforzar en una etapa de miedos, inseguridades y errores, y que le acompañará después en el comienzo de su vida adulta, creando una huella indeleble de la que da testimonio en estas páginas.

La narración se ubica décadas después de que al Doctor Abad le asesinen en Colombia por su actividad pública de denunciade la corrupción, injusticia y falta de democracia en su país. A sus descendientes les arrebataron entonces un pedazo de vida que jamás recuperarán, pero su hijo comprende, años después, que su misión es recordar todo lo que su padre significó para él, en su pequeño mundo infantil, y para una sociedad necesitada de personas como él, cuya valentía sutil consistió nada más y nada menos que enmantenerse del lado de las convicciones que le sostuvieron y por las cuales él y tantos otros murieron de una manera prácticamente impune.

El tono del recuerdo de Abad Faciolince es tan mesurado que los alardes afectivos llegan al lector con una carga de sinceridad que los hace más plenos. Llega el lector a comprender perfectamente cómo era este hombre grande, que llegó a alcanzar una dimensión moraly humana tan grande del contacto con lo más pequeño y lo más cercano.

Es una historia de amor, recuerdo y pérdida. Un pequeño gesto de justicia para devolver la voz a quien le fue injustamente arrebatada.
Un homenaje equilibrado pero de una emotividad brillante.

LA EDUCACION DE LOS NIÑOS

En una ocasión, Fabricio Caivano, el fundador de Cuadernos de Pedagogía,
le preguntó a GabrielGarcía Márquez acerca de la educación
los niños. “Lo único importante, le contestó el autor de Cien años de soledad,
es encontrar el juguete que llevan dentro”. Cada niño llevaría
uno distinto y todo consistiría en descubrir cuál era y ponerse a jugar con
él. García Márquez había sido un estudiante bastante desastroso hasta
que un maestro se dio cuenta de su amor por la lectura y, a partir deentonces, todo fue miel sobre hojuelas, pues ese juguete eran las palabras.
Es una idea que vincula la educación con el juego. Según ella,
educar consistiría en encontrar el tipo de juego que debemos jugar con
cada niño, ese juego en que está implicado su propio ser.
Pero hablar de juego es hablar de disfrute, y una idea así reivindica la
felicidad y el amor como base de la educación. Un niñofeliz no sólo es
más alegre y tranquilo sino que es más susceptible de ser educado,
porque la felicidad le hace creer que el mundo no es un lugar sombrío,
hecho sólo para su mal, sino un lugar en el que merece la pena estar,
por extraño que pueda parecer muchas veces. Y no creo que haya una
manera mejor de educar a un niño que hacer que se sienta querido. Y
el amor es básicamente tratar deponerse en su lugar. Querer saber lo
que los niños son. No es una tarea sencilla, al menos para muchos adultos.
Por eso prefiero a los padres consentidores que a los que se empeñan
en decirles en todo momento a sus hijos lo que deben hacer, o a los
que no se preocupan para nada de ellos. Consentir significa mimar, ser
indulgente, pero también, otorgar, obligarse. Querer para el que amamos...
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