El palacio de medianohe

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1er. Capítulo

CARLOS RUIZ ZAFÓN El palacio de la medianoche

Un gran enigma en Calcuta. Un tren en llamas siembra el terror en las sombras de la noche.

CARLOS RUIZ ZAFÓN
EL PALACIO DE LA MEDIANOCHE
EL RETORNO DE LA OSCURIDAD
Calcuta, mayo de 1916.
oco después de la medianoche, una barcaza emergió de la neblina nocturna que ascendía de la superficie del río Hooghly como el hedor deuna maldición. A proa, bajo la tenue claridad que proyectaba un candil agonizante asido al mástil, podía adivinarse la figura de un hombre envuelto en una capa bogando trabajosamente hacia la orilla lejana. Más allá, al oeste, el perfil de Fort William en el Maidán se erguía bajo un manto de nubes de ceniza a la luz de un infinito sudario de faroles y hogueras que se extendía hasta donde alcanzabala vista. Calcuta. El hombre se detuvo unos segundos para recuperar el aliento y contemplar la silueta de la estación de Jheeter’s Gate, que se perdía definitivamente en la tiniebla que cubría la otra orilla del río. A cada metro que se adentraba en la bruma, la estación de acero y cristal se confundía con otros tantos edificios anclados en esplendores olvidados. Sus ojos vagaron entre aquellaselva de mausoleos de mármol ennegrecido por décadas de abandono y paredes desnudas a las que la furia del monzón había arrancado su piel ocre, azul y dorada y las había desdibujado como acuarelas desvaneciéndose en un estanque. Tan sólo la certeza de que apenas le quedaban unas horas de vida, quizá unos minutos, le permitió continuar la marcha, abandonando en las entrañas de aquel lugar maldito a lamujer a quien había jurado proteger con su propia vida. Aquella noche, mientras el teniente Peake emprendía su último viaje a Calcuta a bordo de una vieja barcaza, cada segundo de su vida se desvanecía bajo la lluvia que había llegado al amparo de la madrugada. Al tiempo que luchaba por arrastrar la nave hacia la orilla, el teniente podía oír el llanto de los dos niños ocultos en el interior de lasentina. Peaje volvió la vista atrás y comprobó que las luces de la otra barcaza parpadeaban apenas un centenar de metros tras él, ganando terreno. Podía imaginar la sonrisa de su perseguidor, saboreando la caza, inexorable. Ignoró las lágrimas de hambre y frío de los niños y dedicó todas las fuerzas que le restaban a pilotar la nave hasta el margen del río que venía a morir en el umbral dellaberinto insondable y fantasmal de las calles de Calcuta. Doscientos años habían bastado para transformar la densa jungla que crecía alrededor del Kalighat en una ciudad donde Dios no se habría atrevido a entrar jamás. En pocos minutos la tormenta se había cernido sobre la ciudad con la cólera de un espíritu destructor. A mediados de abril y hasta bien entrado el mes de junio, la ciudad se

P consumía en las garras del llamado verano indio. Durante esos días, la ciudad soportaba temperaturas de 40 grados y un nivel de humedad al filo de la saturación. Minutos después, bajo el influjo de violentas tormentas eléctricas que convertían el cielo en un lienzo de pólvora, los termómetros podían descender treinta grados en cuestión de segundos. El manto torrencial de la lluvia velaba la visiónde los raquíticos muelles de madera podrida que se balanceaban sobre el río. Peake no cejó en su empeño hasta sentir el impacto del casco contra los maderos del muelle de pescadores y, sólo entonces, caló la vara en el fondo fangoso y se apresuró a buscar a los niños, que yacían envueltos en una manta. Al tomarlos en sus brazos, el llanto de los bebés impregnó la noche como el rastro de sangre queguía al depredador hasta su presa. Peake los apretó contra su pecho y saltó a tierra. A través de la espesa cortina de agua que caía con furia se podía observar la otra barcaza aproximándose lentamente a la orilla como una nave funeraria. Sintiendo el latigazo del pánico, Peaje corrió hacia las calles que bordeaban el Maidán por el sur y desapareció en las sombras de aquel tercio de la ciudad...
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