El pantaleon y las visitadoras

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UNO

-Despierta, Panta -dice Pochita-. Ya son las ocho. Panta, Pantita.
-¿Las ocho ya? Caramba, que sueño tengo -bosteza Pantita-. ¿Me cosiste mi galón?
-Sí, mi teniente -se cuadra Pochita-. Uy, perdón, mi capitán. Hasta que me acostumbre vas a seguir de tenientito, amor. Si, ya, se ve regio. Pero levátate de una vez, ¿tu cita no es a…?
-Las nueve, si–se jabona Pantita-. ¿Dónde nos mandarán, Pocha? Pásame la toalla, por favor. ¿Dónde se te ocurre, chola?
-Aquí, a Lima -contempla el cielo gris, las azoteas, los autos, los transeúntes Pochita-. Uy, se me hace agua la boca: Lima, Lima, Lima.
-No sueñes, Lima nunca, que esperanza -se mira en el espejo, se anuda la corbata Panta-. Si al menos fuera unaciudad como Trujillo o Tacna, me sen-tiría feliz.
-Qué graciosa esta noticia en El Comercio -hace una mueca Pochita-. En Leti-cia un tipo se crucificó para anunciar el fin del mundo. Lo metieron al mani-comio pero la gente lo sacó a la fuerza porque creen que es santo. ¿Leticia es la parte colombiana de la selva, no?
-Qué buen mozo te ves de capitán,hijito –dispone la mermelada, el pan y la leche sobre la mesa la señora Leonor.
-Ahora es Colombia, antes era Perú, nos la quitaron -unta de mantequilla una tostada Panta-. Sírveme otro poquito de café, mamá.
-Cómo nos mandaran de nuevo a Chiclayo recoge las migas en un plato y retira el mantel la señora Leonor-. Después de todo, allá hemos estado tan bien¿no es cierto? Para mí, lo principal es que no nos alejen mucho de la costa. Anda, hijito, buena suerte, llévate mi bendición.

-En el nombre del Padre y del Espíritu Santo y del Hijo que murió en la cruz, eleva los ojos a la noche, baja los ojos a las antorchas el Hermano Francisco-.Mis manos están amarradas, el leño es ofrenda, ¡persígnense por mí!

-Me espera el coronelLópez López, señorita –dice el capitán Pantaleón Panto-ja.
-Y también dos generales -hace ojitos la señorita-. Entre nomás, capitán. Sí, ésa, la puerta cafecita.
-Aquí está el hombre -se levanta el coronel López López-. Adelante, Pantoja, felici-taciones por ese nuevo fideo.
-La primera nota en el examen de ascenso y por unanimidad del jurado -estrecha una mano,palmea un hombro el general Victoria-. Bravo, capitán, así se hace carrera y patria.
-Siéntese, Pantoja -señala un sofá el general Collazos-. Y agárrese bien para oír lo que va a oír.
-No me lo asustes, Tigre –mueve las manos el general Victoria-. Se va a creer que lo mandamos al matadero.
-Que para comunicarle su nuevo destino hayan venido losjefazos de Inten-dencia en persona, le indica que la cosa tiene sus bemoles -adopta una expresión grave el coronel López López-. Sí, Pantoja, se trata de un asunto bastante delicado.
-La presencia de estos jefes es un honor para mí -hace sonar los talones el capitán Pantoja-. Caramba, me deja usted muy intrigado, mi coronel.
-¿Quiere fumar? -saca unacigarrera, un encendedor el Tigre Collazos-. Pero no se esté ahí parado, tome asiento. ¿Cómo, no fuma?
-Ya ve, por una vez el Servicio de Inteligencia acertó -acaricia una fotocopia el coro-nel López López-. Tal cual: ni fumador, ni borrachín ni ojo vivo.
-Un oficial sin vicios -se admira el general Victoria-. Ya tenemos quien represente al arma en el Paraíso, junto a Santa Rosa y a SanMartín de Porres.
-Tampoco exageren -se ruboriza el capitán Pantoja-. Algunos vicios tendré que no se me conocen.
-Conocemos de usted más que usted mismo -alza y deposita otra vez en el escritorio un cartapacio el Tigre Collazos-. Se quedaría bizco si supiera las horas que hemos dedicado a estudiar su vida. Sabemos lo que hizo, lo que no hizo y hasta lo que hará, capitán.
-Podemos recitar...
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