El pianista sin rostro

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El pianista sin rostro








Christian Grenier














[pic]

































Dirección de la colección: Guillermo Höhn
Jefatura de arte: Claudio Perles
Título original: Le pianiste sans visage
Traducción: Valeria Joubert
Corrección: Cecilia Biagioli

Grenier, Christian
El pianista sin rostro – 1ª. ed. 1ª.reimp. - Buenos Aires Cántaro 2007
144 p.; 19x13 cm.
ISBN 978-950-753-051-7

1. Narrativa Infantil Francesa. I. Título
CDD843.9282

I.S.B.N. N° 978-950-753-051-7
© © Rageot-Éditeur - 1995
© Para la edición en español. Puerto de Palos S.A. - 1998









El pianista sin rostro

































Nota del autor: si los retratos deOscar Lefleix y de Amado Riccorini son imaginarios, los nombres de todos los otros compositores y músicos son, por supuesto, auténticos.

Índice

Una noche de concierto 9
El chico del banco 13
Debate en torno de un piano 17
Daniel está en el lugar de la cita 21
Revelaciones, traición, explicaciones 23
Los discos de mi padre 27
Misteriosas cintas magnéticas 31
Mi padre eracompositor 35
En lo de Daniel 39
¿Quién era Oscar Lefleix? 43
Semanas difíciles 47
Un concierto de Paul Niemand 51
Una tarde en lo de Daniel 55
La Consagración de la Primavera 59
La locura de Toulouse 63
Un fin de curso amargo 69
El rostro del pianista 71
Epílogo 79













"Una historia nunca es simple.
Un hecho no existe al desnudo.
¿Y si hubieratantos acontecimientos
como individuos?"
La chica de 2° B





Una noche de concierto





Era sábado 1° de octubre. Me acuerdo de esa noche como si fuera ayer. Acababa de terminar los deberes para el lunes. Hasta le había pedido a Mutti que revisara mis ejercicios de alemán. Pero se negó a mirarlos:
—Hija, estás en segundo año. ¡Y con el señor Schade, gracias a Dios!No te ayudaré de ninguna manera. En alemán, a partir de ahora, te las arreglarás sola.
Mutti es profesora de alemán en el Chaptal. El año pasado, estaba en su clase. Siempre tenía las mejores notas. Claro, mis compañeros se burlaban: "Con una madre alemana, las cosas son más fáciles. Y si encima es tu profesora en el colegio...". Yo respondía que la señora Lefleix no era, en verdad, mimadre. Y que, además, no me ayudaba.
¿Era culpa mía si hablaba alemán tan bien como francés? En casa, Mutti se comunica indiferentemente en estos dos idiomas.
Esa noche, entonces, justo después de la cena, estaba a punto de mirar la revista con la programación de la tele, cuando sonaron tres golpes en la puerta: era Oma.
Entró blandiendo un pequeño tique rosa:
—¿Alguienquiere ir a un concierto esta noche?
Florent, mi medio hermano, se arrojó sobre ella:
—¿Qué es? ¿Rita Mitsouko?1 ¿Phil Collins?
Oma se encogió de hombros.
—¿Por qué no Los Beatles? Pero no, tonto. Es un concierto de piano. Del célebre Amado Riccorini.
¿Célebre? No para todo el mundo. Era la primera vez que oía hablar de él.
—¿Cuántos lugares tienes, mamá?—preguntó Mutti.
—¡Ay, uno solo! ¿Por qué no vas, Grete?
Mutti esbozó una sonrisa crispada que nadie más que yo pudo traducir.
—¿Y tú, mamá, por qué no vas? —contestó.
—¡Oh, esta noche, en el canal 6, pasan de nuevo Un amor de verano! —dijo Oma con entusiasmo.
Esta vez me tocó a mí poner mala cara. No tengo nada contra las series edulcoradas. Pero ante la idea dequedarme tres horas en compañía de Oma frente al televisor, la lectura de Germinal "obligatoria antes de fin de mes", como había especificado la profesora de Lengua esa misma mañana, se volvía incluso una perspectiva agradable.2
La verdad es que Oma no sabe callarse. Condimenta cada película con sus comentarios imparables: "Ah... ¡Es maravilloso! Qué conmovedor... ¿Pero por qué le ha dicho...
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