El piloto anonimo

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EL PILOTO ANÓNIMO

Cristóbal Colón es un perfecto enigma histórico. Nadie conoce con certeza el lugar en el que nació y tampoco dónde está enterrado. Cuando en el año 2003 un equipo de la Universidad de Granada abrió su supuesta tumba en la catedral de Sevilla para realizar los estudios de ADN de los restos que allí se encuentran se toparon con la sorpresa de que sólo había un 20% de uncadáver. ¿Dónde está el resto de sus huesos?
 
La biografía del Almirante está repleta de recodos oscuros. Muchos documentos reveladores han sido robados, mutilados, alterados por manos desconocidas. Se diría que a su alrededor ha habido hombres de negro colombinos. Y lo más sorprendente es que él mismo contribuyó a tamaña confusión.

¿Sabía a dónde se dirigía cuando emprendió el primer viaje aAmérica? Hay quien afirma que sí. De hecho, en las Capitulaciones de Santa Fe, documento firmado con los Reyes Católicos en abril de 1492 (medio año antes de iniciar esa travesía) se habla de “lo que ha descubierto en las mares oçeanas”. ¿Qué podía haber descubierto si aún no había ido a ninguna parte?

Se ha tratado de responder a esa incómoda pregunta diciendo que Colón se había hecho con algún mapao carta de navegar de los antiguos templarios, quienes, se afirma, pudieron haber llegado a América mucho antes que Colón. Pero también se habla de una leyenda desde los tiempos del propio Almirante: la leyenda de un piloto desconocido que murió en sus brazos.

Bartolomé de Las Casas escribió algo que pone los pelos de punta si se analiza cuidadosamente:
 
“… ya él tenía certidumbre que habíade descubrir tierras y gentes en ellas,
como si en ellas personalmente hubiera estado (de lo cual cierto yo no dudo)”
 
La leyenda del piloto desconocido

El profesor Juan Manzano pone el acento en los relatos que en el siglo XVI y XVII hicieron, respectivamente, el licenciado Baltasar Porreño y Gonzalo de Illescas. Esas literaturas nos hablan de “un cierto marino, cuyo nombre hasta ahora nose sabe ni de dónde partió ni qué viaje llebava, mas que andava por el Mar Océano de Poniente…”.

El dicho marino, al parecer, se vio zarandeado en medio de su travesía por una tormenta de las legendarias, las que hunden a uno en el fondo del mar o le elevan al mundo de los dioses. Al parecer, a este hombre tuvo la segunda de esas suertes, pues fue a parar a un mundo “fuera de toda conversacióny noticia de lo que los marineros savian (…), adonde vio por los ojos tierras extrañas nunca vistas ni oídas”.

¿Qué oficio desarrolló allí aquella tripulación? Nada sabemos. ¿Fueron ellos los que vieron y cataron aquellas perlas de las que Colón parecía prendado? Tal vez, pero el caso es que por muy bellas y fértiles que fueran las tierras a las que arribaron, a los hombres les gustan siempremás las suyas propias, aunque sean más yermas, de modo que un indefinido tiempo después se hicieron a la mar con la buena suerte, porque eso fue y no desgracia, que otra tormenta la tramó con ellos y llevó al anónimo explorador a la isla de Madeira, donde estaba entonces el vivillo Colón, en cuyos brazos expiró el desdichado piloto no sin antes contar cuantos secretos marítimos aquella mortalaventura le había reportado.

¿Dónde pudieron encontrar inspiración esos autores de los siglos XVI y XVII? Pues lo cierto es que ya antes que ellos otros habían deslizado pistas de interés para construir una historia así.
Por ejemplo, Gonzalo Fernández de Oviedo (Historia General y Natural de las Indias, Sevilla, 1535) legó lo siguiente a las generaciones venideras:

“Quieren decir algunos que unacarabela que desde España pasaba para Inglaterra (…) le sobrevinieron tales e tan forzosos tiempos, e tan contrarios, que hobo necesidad de correr al Poniente tantos días, que reconosció una o más de las islas destas partes e Indias (…) e que después le hizo tiempo a su propósito y tornó a dar la vuelta…”

Oviedo relata la muerte de toda la tripulación y añade:

“dícese que, junto con...
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