El poeta y e verdugo

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  • Publicado : 23 de enero de 2012
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El poeta y el verdugo
Cuento corto

Arrastrando sus pies por el húmedo piso del tercer subsuelo del castillo, el hombre de oscuro atuendo ingresó a la celda del poeta. Pidió a los guardias que seretiraran y apoyó un candelabro de tres velas sobre el suelo de la celda.
En un rincón, se encontraba el reo. El hambre, la sed y la permanente oscuridad de la pétrea bóveda le habían quitado elespíritu vivaz que hubo de mostrar alguna vez, hace ya más de diez años.

El hombre replegó su capucha y desplazó la luz hasta ubicarla cerca del sentenciado. Notando que la luz hacía daño a los ojosacostumbrados a las sombras, el recién llegado sonrió. El preso se refregó los ojos hasta calmar el dolor y, desgarrando los harapos que le cubrían la espalda, se arrastró hasta quedar sentado. El sueloera humedad, transpiración de sótano, el techo, la oscuridad, tan altos eran los muros que luz de vela alguna llegaba a iluminarlo.
- ¿Así que poeta, no?
El ocupante del lugar mantenía el silenciocon el que estaba acostumbrado a convivir. Quizás temió que hasta su propia voz le sonara extraña.
- Bueno, aquí hace tiempo que ya eres nada. Un poeta sin pluma, sin tinta, sin nadie que escuche susrimas. ¡Qué pena muchacho! Nada.
El hombre de ropaje pesado sonreía irónico frente al sufrimiento del reo, libando con placer la tragedia de aquel despojo que ya parecía resignado a jamás recibiralgún tipo de misericordia humana. Olvidado en el tiempo, ni la muerte se había acercado hasta su cárcel con mejores intenciones que la de exigirle resignación y paciencia.

- ¡Ay, poeta, ya nada eres,hasta tu nombre se ha perdido en el olvido! Sabido es por los pocos que te recuerdan que te hacías llamar... Jezbeth ¿Verdad?.
- Orgulloso estaba de aquel nombre cuando lo tenía, señor. Jezbeth es eldemonio de los prodigios imaginarios, el de la estafa, protector de mentirosos y embaucadores.

- ¿Y ese era tu orgullo, pobre diablo? Ese nombre te trajo aquí, por si no lo sabías ¿Y dónde...
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