El precio de los derechos

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El precio de los derechos
Hace algunos años dos importantes constitucionalistas americanos publicaron un
libro que fue saludado como un hallazgo. En él, sin embargo, los autores no
reivindicaban más que el sentido común. Su título era El coste de los derechos y
su lema central muy sencillo: los derechos cuestan dinero. La libertad no es gratis.
El subtítulo era precisamente ese: de cómo lalibertad depende de los
impuestos. Y su moraleja era que aquella cantinela que tratan de imponer los
beatos y beatas del libre mercado se sustenta en realidad sobre un fraude
intelectual: es imposible incrementar la libertad hasta el infinito y bajar los
impuestos hasta el cero, es decir, la idea de que la disminución de los impuestos
incrementa necesariamente la libertad es una superchería.Los enemigos de la
acción del Estado no pueden simultáneamente presentarse como los paladines de
los derechos individuales porque los derechos no son sino un conjunto de reglas
respaldadas por la fuerza del Estado y financiadas con el dinero público.
Los derechos y las libertades son también la expresión de un poder del
Gobierno y de una autoridad jurídica. Incluso los derechos que se ejercenen el
mercado. Porque un mercado moderno no es una práctica anómica, sino un tejido
complejísimo de derechos y garantías. Y esos derechos y garantías se sustentan
en los impuestos: no hay propiedad privada sin impuestos, ni contratos sin
impuestos, ni préstamos sin impuestos.
Sólo un Estado puede crear un mercado firme y dinámico en el que esté
asegurada la garantía de los contratos y lastransacciones sean respaldadas por la
ley. Donde el poder del Estado no puede intervenir con eficacia surge la mafia y la
extorsión, y no prosperan los contratos, ni los préstamos a largo plazo ni las
hipotecas.
Decía Hobbes, con intuición increíble, que sin Estado era imposible el
"cálculo del tiempo". Es evidente por qué. Sólo se puede mirar al futuro cuando se
está protegido por reglasestables capaces de hacer presente y confiable el tiempo
que ha de venir, y de eso, y sólo de eso, pende la existencia de cosas tan
prosaicas como la propiedad privada, los préstamos o las hipotecas. Sin Estado
no hay predicción, sin predicción no hay derechos, y sin derechos no hay
mercado. Pero como los derechos dependen de los impuestos, resulta que sin
impuestos no hay mercado. Todo lo demásson patrañas. Si alguien quiere
mercado, ha de querer impuestos.
Esto no significa olvidar aquello que recordaba Antonio Machado, "sólo el
necio confunde valor y precio". Porque es, en efecto, un necio el que piensa que lo
valioso de algo es siempre igual a su precio de mercado. Pero más necio es
todavía quien cree que las cosas que más valoramos no tienencoste alguno en
términos de tiempo,de esfuerzo o de dinero.
Curiosamente, esta segunda necedad parece agudizarse mucho en periodo
electoral, en particular por lo que respecta a los derechos. Los derechos son,
efectivamente, una de las cosas más valiosas que tenemos: valen mucho más que
su precio, pero hay que decir bien alto que tienen precio, y sin pagar ese precio no
se tienen los derechos. No vaya a ser que, llevados poresa necedad, queramos
ahorrarnos el precio de los derechos y perdamos también su valor, como el pobre
Jacob perdió su primogenitura por un plato de lentejas.
Hay quien parece pensar que la mayoría de los ciudadanos obedece a esta
estúpida lógica. Por eso nos es dado contemplar, no sin cierta vergüenza, cómo
se les oferta un amplio surtido de platos de lentejas en forma de paguitas o
descuentosfiscales. Como los vendedores ambulantes: ni treinta, ni veinte, ni
diez, señores electores, ¡cinco! ¡todos sus derechos y más por el increíble precio
de cinco euros!
Lo peor viene después, porque aquellos ciudadanos que ceden a la burda
oferta del reclamo electoral se encontrarán seguramente con que hay un incendio
y no existen medios para sofocarlo, tienen un pleito y han de esperar mil...
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