"El precio del silencio" (historia ficticia)

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  • Publicado : 18 de noviembre de 2010
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—Santiago, corre que se nos hace tarde para ir a misa.
—Sí madre, ya voy.
Santiago asistía todos los domingos a misa, con su querida madre. Sus padres habían llegado de España con Santiago recién nacido y se asentaron en el pueblito de Dolores.
Cuando contaba con la edad de tres años, conoció al Cura de la iglesia, un hombre honorable y a quien todos respetaban, su nombre era Miguel Hidalgo.Santiago siempre admiró al Cura, iba a visitarlo los sábados después del medio día, para charlar con él. Era un hombre liberal, fiel a sus ideas y a las de los demás, un hombre digno de admirar, así lo veía Santiago.
Cuando iba a visitarlo era con el consentimiento de su madre y obviamente a escondidas de su padre, ya que si éste llegara a enterarse, no se imaginaban de lo que podría ser capaz.Podía estar horas y horas hablando con el Cura. Lo que le empezó a llamar la atención al Cura Hidalgo, no era tan común, el pequeño niño contando con 12 años estaba interesado en cuestiones de política.
El Cura intentaba explicarle sobre lo que acontecía, no le gustaba mencionar a los españoles por temor a herir los sentimientos de aquel pequeño.
Después de un par de años, el padre de Santiago,don Santiago Dorrego Mendieta, se vio enredado en serios problemas, de los cuales Santiago nunca se enteró; y partió a la ciudad de Guanajuato.
En seguida se establecieron en una amplia hacienda, debido a su buena posición económica. Por la puerta principal entraba gran cantidad de gente a lo largo del día y como de costumbre se dirigían hacia la derecha, ahí se encontraba el despacho de supadre, lo que en un principio le pareció muy agradable ya que creyó que podría estar más tiempo junto a él, sin imaginarse que sería lo contrario. Santiago nunca había podido convivir bien con él, así que no sabía exactamente a qué se dedicaba su padre.
Una tarde Santiago regresó a su casa y le sorprendió que el silencio habitual que reinaba en la casa, estuviera alterado; parecían salir gritos,insultos y discusiones del despacho. Se quedó quieto ya que no sabía qué era lo que estaba pasando y de repente todo se tornó nuevamente silencioso, sin moverse, se dio cuenta de que todo se había tranquilizado y escuchó a don Santiago Dorrego haciendo tal ves un trato, divisó que se encontraba mucho dinero de por medio, ya que su padre contaba y recontaba, por el sonido, supuso que eran muchasmonedas.
Terminaron con un apretón de manos y salió el hombre que había negociado con su padre. Éste lo miró fijamente, con una extraña sonrisa y cuando pasó por un lado, su mano acarició la pequeña cabeza de Santiago. Pero no era nada fuera de lo común ya que ver entrar y salir gente desconocida de su casa era algo usual.
Su madre había salido, y no sabía a dónde había ido.
Pasaron los días yempezaba a ponerse inquieto, no había podido intercambiar palabras con su padre a pesar de que estaban en el mismo lugar.
Empezaba a desesperarse, le preguntaba cada que podía a Doña Juanita, la cocinera, sobre el paradero de su madre, pero no obtenía una respuesta concreta, más bien nadie sabía exactamente a donde había ido la Señora Isabel.
Empezaba a deprimirle la situación a Santiago, no habíavisto a su padre, aun estando en el mismo lugar y su madre se había ido sin explicación alguna.
Después de haber pasado nueve días en completa soledad. Se acercó al despacho de su padre, se armó de valor, teniendo en cuenta que su padre era capaz de todo. Llamó a la puerta una, dos veces, nadie abría, tres, cuatro veces, y no recibió respuesta alguna. Abrió la puerta y estaba apagada la luz, sepercató de que no había nadie, encendió la luz, examinó el lugar un rato. Comenzó a ver que era un lugar extraño, lleno de documentos, armas de fuego y una bandera española, mientras veía las armas, vinieron al acecho los recuerdos de las brutales golpizas que le acondicionaba su padre, por no querer portar un arma de fuego a la corta edad de 7 años, recordaba cual fue el primer regalo que le dio...
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