El principe pobre

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  • Publicado : 16 de noviembre de 2011
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Cuento nº 4 el pricipe pobre
Habia una vez un príncipe muy pobre que poseía un reino, que aunque muy pequeño, era lo suficientemente extenso como para invocarlo como título para concertar un matrimonio ventajoso; y por entonces el príncipe resolvió casarse.
Demasiado atrevimiento suponía en él preguntar a la hija del emperador si lo quería por esposo; pero decidióse a hacerlo, porque la fama desu nombre se extendía por todas partes.
Dábase el caso de que en el lugar donde yacía enterrado el cadáver del padre del príncipe había crecido un espléndido rosal, que sólo florecía una vez cada cinco años, y aun en estas ocasiones sólo daba una rosa, pero una rosa magnífica que exhalaba un aroma tan suave y exquisito que todo el que aspiraba su fragancia olvidaba por completo sus tristezas einquietudes, por grandes que fueran.
Poseía además el príncipe un ruiseñor cuyo canto era tan armonioso que no parecía sino que en su garganta se albergaban todas las más hermosas melodías de la tierra.
Nuestro príncipe tomó el acuerdo de ofrendar a la princesa estas dos inapreciables rarezas para demostrarle su amor, y, al efecto, encerrólas en dos preciosos cofres de plata y envióselas a suamada.
Hízolas el emperador llevar a un amplio salón donde se hallaba su hija jugando con las damas de la corte, y al ver la princesa los cofres empezó a batir palmas en señal de regocijo.
Pero, abierto el primero, apareció el hermoso rosal con su magnífica rosa, y cuando lo vio la princesita, fue tal su contrariedad y tan grande su desilusión, que estuvo a punto de romper a llorar amargamente.-¡Qué contrariedad, padre mío! -dijo toda compungida.
-Vamos a ver qué contiene el otro cofre -propuso el emperador.
Abierto el segundo, salió de él el ruiseñor, y comenzó a cantar de un modo tan suave y melodioso, que todos quedaron encantados al oído … todos menos la princesa.
-Supongo que no será un pájaro verdadero -dijo ésta.
-Sí que lo es -respondieron los que lo habían traído.
-En esecaso, soltadlo -replicó la princesa, y negóse en absoluto a ver al príncipe.
No por esto perdió éste todas sus esperanzas. Embadurnóse el rostro con cieno, encasquetóse el sombrero hasta las orejas y llamó a la puerta del palacio del emperador.
-¡Dios otorgue muy buenos días a Vuestra Majestad Imperial! -le dijo- ¿Hay para mí algún empleo en palacio? Necesito trabajar.
-Sí, casualmente -contestóel emperador-, necesito una persona que cuide los numerosos cerdos que poseo, y el príncipe fue nombrado porquerizo imperial.
Pasóse el día entero trabajando en un inmundo cuartucho contiguo a la pocilga, que para su morada le asignaron, y a la caída de la tarde, había ya terminado una linda cacerola, adornada con unas campanillitas que a su alrededor colgaban; y cuando se la ponía al fuego yhervía su contenido, sonaban aquéllas alegremente, tocando una antigua melodía.
Pero la propiedad más curiosa de tan extraña cacerola era que, si una persona cualquiera introducía el dedo en el vapor que de ella se escapaba, y después se lo acercaba a la nariz, olía todos los guisos que se estaban cocinando en todos los fogones y hornillos de la ciudad.
Por fortuna ocurrió que la princesa, en sucotidiano paseo, acertó a pasar por delante del cuarto del porquero, y al oír la antigua tonada, paróse sorprendida, porque era la única pieza de música que sabía.
-¡Oíd -exclamó-, es mi pieza!
Ese porquero debe de ser persona instruida y bien educada. Preguntadle cuánto quiere por ese instrumento.
Entró una de las damas y le dijo: -Oye, porquerizo: ¿cuánto quieres por esta cacerola?
-Diez besosde los labios de la princesa -le contestó el porquero. -¡Vaya un descaro! -replicó la dama indignada.
-¿Qué dice? -preguntó la princesa.
-Me es imposible repetírselo a Vuestra Alteza -contestó la dama-, porque es una cosa mala.
-Pues dímelo al oído.
Y la dama repitió las palabras del porquero al oído de la princesa.
-Es un desvergonzado -dijo ésta, y prosiguió su paseo.
Pero cuando hubo...
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