El roto joaquin edwards

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UNIVERSIDAD DE CHILE

-

FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES

El Autor de la Semana
Joaquín Edwards Bello

El Roto

El Autor de la Semana - © 1996-2002
Facultad de Ciencias Sociales – Universidad de Chile

El Autor de la Semana - © 1996-2002
Facultad de Ciencias Sociales – Universidad de Chile
Joaquín Edwards Bello: El Roto
Edición:
© 2002 Oscar E. Aguilera F. (oaguiler@uchile.cl)
.Se prohíbe la reproducción comercial de los textos presentados en la serie “El Autor de la
Semana”. Se autoriza la difusión a través de Internet de estos documentos, en otros sitios
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Oscar E. Aguilera F. oaguiler@uchile.cl

JOAQUÍN EDWARDS BELLO

EL ROTO

2

I

D

etrás de la Estación Central de Ferrocarriles, llamada Alameda, por estar a la
entrada de esa avenida espaciosa que es orgullo de los santiaguinos,ha surgido un
barrio sórdido, sin apoyo municipal. Sus calles se ven polvorientas en verano,
cenagosas en invierno, cubiertas de harapos, desperdicios de comida, chancletas y ratas
podridas. Mujeres de vida airada rondan por las esquinas al caer la tarde; temerosas,
embozadas en sus mantas de color indeciso, evitando el encuentro con policías...Son
miserables busconas, desgraciadas delúltimo grado, que se hacen acompañar por obreros
astrosos al burdel chino de la calle Maipú al otro lado de la Alameda. La mole gris de la
Estación Central, grande y férrea estructura, es el astro alrededor del cual ha crecido y se
desarrolla esa rumorosa barriada.
Algún trabajo costó llevar el riel a la capital cerrada en sus murallas de granito, enemiga
del mar. La influencia anglosajona, patenteen la costa, no llega a Santiago, baluarte
colonial, clerical y reaccionario, donde se conserva vivo el espíritu vanidoso y retrógado de
los mandarines que en 1810 hicieron acto de sumisión a Dios y al rey contra el gran Rozas.
Un político santiaguino se opuso al ferrocarril: "Ese sistema de locomoción traerá la ruina
de los propietarios de carretas", decía en memorables sesiones: al sapienteBello llamó
"miserable aventurero", porque defendía el riel. A pesar de la oposición parlamentaria y
los inconvenientes materiales, llegó la locomotora a despertar la Alameda apacible y
franciscana, con sus acequias de pueblo. Los santiaguinos empezaron a transformarse; los
primeros que fueron a ver el mar llevaron a la fonda colchones, frazadas y comestibles; en
el tren iban comunicativos ydesordenados como en los paseos en carreta.
El que fue extrarradio desierto, triste en el día y peligroso en la noche, con cruces y velas al
borde de los caminos marcando el sitio donde cayeron los asesinados, ha llegado a ser un
barrio hirviente, lleno del ruido de las máquinas, los motores, la gritería de los pilluelos y
vendedores ambulantes. Un poco de la vida de Europa, del ajetreomoderno, ha llegado
con el riel desde Valparaíso a la capital amodorrada, catedralicia y apática. Actualmente la
Estación Central es soberbia. Un reloj, colocado en el centro del triángulo que abarca todo
el frente del edificio marca las horas con la impasible constancia de las cosas mecánicas,
en tanto pasan bajo él palpitantes locomotoras, transpirando vapor, sudando por sus
poros de metal,enviando hacia el cielo en penachos esponjados el humo turbulento y
espeso que parece ser el alma del barrio. Innumerables postes contrahechos, negruzcos,
del telégrafo y alumbrado se destacan por todas partes sin simetría, cual si
espontáneamente brotaran del asfalto onduloso. Los potentes pitazos y el estrépito que
sacude las casas al rodar de los trenes arrancan un eco a la serenidad...
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