El samurai y las tres virtudes (leyenda japonesa)

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  • Publicado : 9 de septiembre de 2010
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Una tarde. Osahi caminaba por una senda solitaria. El viento llegaba del norte refrescando su rostro endurecido por el sol. Sus pasos cortaban el silencio como la espada que llevaba a su espalda. Ha orillas de la senda nacían grandes árboles del destino, perfumando la atmósfera y los cabellos largos y negros de Osahi.
A poca distancia encontró un manantial de agua fresca y cristalina, rodeado debambúes y flores silvestres.
Cuando se disponía a lavar su rostro, apareció una luz densa al otro extremo del manantial. Osahi se inmuto al ver aquel despliegue luminoso que encegueció sus ojos. La luz lentamente fue tornándose en una bella forma femenina. Osahi tomo su espada y dispuso marchar impulsado por el temor. Pero una voz fina, quieta y dulce lo invito a detenerse. Osahi giro a la luzque ahora era una silueta de esbelta figura, dos esmeraldas componían sus ojos, de zafiro sus labios y de diamante sus manos. Sus Largos cabellos caían a sus pies de porcelana antigua. Su dentadura de oro derramaba su brillo sobre las aguas dormidas del manantial. Osahi bebió un poco de agua para tranquilizar los temblores que sacudían su cuerpo, al calmarse detallo con precisión la Diosa que yacíafrente a él con una corona de lotos que no tocaba su cabeza, estaba suspendida en el aire y de la cual se liberaban pequeñas mariposas de variados colores. De sus hombros colgaban dos serpientes con ojos de cristal y piel de begonia. Cuando de repente el cielo fue asaltado por Raijin Dios de los truenos y rayos, desatando una fuerte tormenta que acabo con la serenidad del manantial. Osahiatemorizado, sin entender lo que sucedía se guarneció entre unos juncos que amenazaban caerse por la furia incontenible del viento.
Del manantial emergió la Diosa Amanozako, de terrible temperamento, pero de una impresionante belleza, sus largos brazos tatuados con los siete pecados capitales: el orgullo, la injusticia, la glotonería, la iracundia, la adulación, la pereza y la lujuria. De sus redondossenos desnudos brotaban la escasez y el hambre. De su vientre pendían los estandartes de la guerra que separaban los cielos de la tierra con sangre. Amanozako era la despedazadora de las tres virtudes. Nadie era capaz de contrariarla. Sus largos brazos la hacían dueña de la maldad y la arrogancia.
Tres eran las virtudes que devoraba con apetito voraz. La primera, la verdad que hace a los hombreslibres. La segunda, la honestidad que habita en el espíritu que el hombre libre procura. La tercera, el amor que alimenta al hombre que busca con honestidad la libertad.
Luego de una batalla entre Raijin y Amateratsu Diosa que resplandece el cielo, el orden fue retornando paulatinamente mientras el sol salía con cautela. Osahi con resquemor miraba a su alrededor, Amanozako permanecía inmóvil.Azumi, la Diosa que custodiaba las almas, observaba con sus ojos rojizos a Osahi. La quietud volvió bajo un silencio tétrico. Las serpientes que colgaban de los hombros de Azumi comenzaron a descender serpenteando sus lenguas. Amanozako extendió los estandartes de su vientre rodeando el manantial para evitar que las serpientes se acercaran. Estas se transformaron en dos enormes Daiitoku el Dios dela victoria, defenderían las tres virtudes que Amanozako pretendía destruir. Osahi, tomo su espada que había quedado enterrada entre el follaje y, con valentía, se dispuso ha enfrentar a Amanozako. Azumi envolvió en sus manos de diamante una esfera de luz lanzándola sobre el alma de Osahi para protegerlo de la ira que expulsaría de sus fauces Amanozako. Cada Daiitoku con sus seis brazos y seispiernas se apostaron a un lado de Osahi para formar un escudo que detendría la crueldad de Amanozako. Solo el coraje y el espíritu guerrero del Samurai podían evitar que el mundo quedara sin las tres virtudes. Con una bocanada de luz que Azumi despidió de su boca la espada de Osahi refulgió como un espejo.
De la cabeza de Amanozako salían gruesos hilos de odio, muerte e ingratitud, Osahi con su...
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