El sueño del pongo - análisis

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EL SUEÑO DEL PONGO

I. ANTES DE LA LECTURA:
En la época pasada existían haciendas y a los dueños se les consideraba hacendados, ¿sabes qué hacendados existían en Pacanga?
Estos hacendados tenían personas a su servicio, ¿con qué nombre se conocía a estas personas?
¿Cuál era el trato que recibían los sirvientes por parte de sus patrones?
* Formulación de hipótesis: ¿De qué creesque tratará la lectura?

II. LEAMOS:

EL SUEÑO DEL PONGO
Autor: José María Arguedas

Un hombrecito se encaminó a la casa-hacienda de su patrón. Como era siervo, iba a cumplir el turno de pongo, de sirviente de la gran residencia. Era pequeño, de cuerpo miserable, de ánimo débil, todo lamentable; sus ropas viejas.

El gran señor, patrón de la hacienda, no pudo contener la risa cuando elhombrecito lo saludó en el corredor de la residencia.

--¿Eres gente u otra cosa? --le preguntó delante de todos los hombres y mujeres que estaban de servicio.
Humillándose, el pongo no contestó. Atemorizado, con los ojos helados, se quedó de pie.
--¡A ver! --dijo el patrón–, por lo menos sabrá lavar ollas, siquiera podrá manejar la escoba, con esas manos que parece que no son nada. ¡Llévate estainmundicia! --ordenó al mandón de la hacienda.

Arrodillándose, el pongo le besó las manos al patrón y, todo agachado, siguió al mandón hasta la cocina.

El hombrecito tenía el cuerpo pequeño; sus fuerzas eran, sin embargo, como las de un hombre común. Todo cuanto le ordenaban hacer lo hacía bien. Pero había un poco como de espanto en su rostro; algunos siervos se reían de verlo así, otros locompadecían. ”Huérfano de huérfanos; hijo del viento, de la luna, debe ser el frío de sus ojos, el corazón pura tristeza”, había dicho la mestiza cocinera viéndolo.
El hombrecito no hablaba con nadie; trabajaba callado; comía en silencio. Todo cuanto le ordenaban, cumplía. ”Sí papacito; sí mamacita”, era cuanto solía decir.

Quizá a causa de tener una cierta expresión de espanto, y por su ropatan harapatosa y acaso, también, porque no quería hablar, el patrón sintió un especial desprecio por el hombrecito. Al anochecer, cuando los siervos se reunían para rezar el Ave María, en el corredor de la casa-hacienda, a esa hora, el patrón martirizaba siempre al pongo delante de toda la servidumbre, lo sacudía como a un trozo de pellejo.

Lo empujaba de la cabeza y lo obligaba a que searrodillara y, así, cuando ya estaba hincado, le daba golpes suaves en la cara.
--Creo que eres perro. ¡Ladra! --le decía. El hombrecito no podía ladrar.
--Ponte de cuatro patas --le ordenaba entonces.
El pongo obedecía, y daba unos pasos en cuatro pies.
--Trota de costado, como un perro --seguía ordenándole el hacendado.
El hombrecito sabía correr imitando a los perros pequeños de la puna.
Elpatrón reía de muy buena gana; la risa le sacudía todo el cuerpo.
--¡Regresa! --le gritaba cuando el sirviente alcanzaba trotando el extremo del gran corredor.

El pongo volvía, corriendo de costadito. Llegaba fatigado.
Algunos de sus semejantes, siervos, rezaban mientras tanto, el Ave María, despacio rezaban, como viento interior en el corazón.
--¡Alza las orejas ahora, vizcacha! ¡Vizcachaeres! --mandaba el señor al cansado hombrecito--. Siéntate en dos patas; empalma las manos.
Como si en el vientre de su madre hubiera sufrido la influencia modelante de alguna vizcacha, el pongo imitaba exactamente la figura de uno de esos animalitos, cuando permanecen quietos, como orando sobre las rocas. Pero no podía alzar las orejas. Entonces algunos de los siervos de la hacienda se echaban areír.
Golpeándolo con la bota, sin patearlo fuerte, el patrón derribaba al hombrecito sobre el piso de ladrillos del corredor.
--Recemos el padrenuestro --decía luego el patrón a sus indios, que esperaban en fila.
El pongo se levantaba de a pocos, y no podía rezar porque no estaba en el lugar que le correspondía ni ese lugar correspondía a nadie.
En el oscurecer, los siervos bajaban del...
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