El tiempo entre costuras

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  • Publicado : 17 de diciembre de 2011
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Tenemos en nuestras manos una opera prima, que sin embargo parece escrita desde la experiencia y el buen hacer de un autor consagrado.De excelente factura ypresentación, a través de una prosa ágil, elegante, bien documentada y creadora de ambientes por completo diversos, la novela ha tenido una excelente acogida. María Dueñas (Puertollano, Ciudad Real, 1964), doctora en Filología inglesa, haimpartido clases en varias universidades norteamericanas y actualmente es profesora titular en la Universidad de Murcia.

Una feliz portada y un título muy bien elegido nos anticipan y resumen la novela, dividida en cuatro partes, coincidiendo con los cambios de rumbo de la vida de la protagonista, y a la vez los cambios políticos del país; la novela traza un círculo, desplazándose en tiempo yespacio de Madrid a Tetuán, y de vuelta a Madrid. Un breve pero intensísimo interludio portugués, pone el broche de tensión y de sorpresa.
A la vez histórica, negra, de espionaje o policíaca, esta novela nos muestra la trayectoria de una mujer, pero a la vez de una época. Confluyen en ella lo costumbrista, el thriller, lo psicológico y lo documental.Pero sobre todo, su tema central es la lucha por lavida y por la identidad de una mujer, algo muy en la línea de aquella deliciosa película de Manolo Gutiérrez Aragón,La mitad del cielo, en la queRosa,asciende en la escala social gracias a su trabajo, su tesón. Siguiendo el símil cinematográfico, también hay algo de Encadenados, la película de Hitchcock en la que Ingrid Bergman hace un papel ficticio para conseguir una información importante, asícomo también hay una pizca de la Casablanca de Curtiz.
La novela, escrita en primera persona por la protagonista, comienza en los años previos a la contienda civil española, en el Madrid republicano, y acaba en el Madrid de la inmediata posguerra; siempre figuran como marco, nunca como tema, y de hecho, la protagonista vive la guerra a distancia, desde Marruecos, y sin seguir sus avatares, ya quesu propia supervivencia es lo que ocupa sus días y sus noches. Supervivencia que consiste en recurrir a su único patrimonio: sus manos, y sus conocimientos de corte y confección, que era lo habitual en una época en la que las mujeres de humilde extracción y sin marido, o cosían, o fregaban, o hacían la calle y poco más.Por otra parte, la recreación del ambiente de un taller de costura, lautilización de la terminología de las modistas, no sólo para las descripciones de la actividad en sí, sino también aplicándolas a las otras actividades de su vida, incluso hasta utilizar –logro muy imaginativo- las puntadas y los patrones para comunicarse. Hilvanando el amor, la traición, el abandono, la huída, la soledad, la desesperación, las distintas emociones que la protagonista va sintiendo ytransmitiéndonos, se desarrolla una trama de casualidades, sorpresas, desafíos, y sobre todo, tesón y esfuerzo, que nos conmueve y nos llega muy hondo.
Como símbolo, la costura, resulta muy acertado: no sólo hace creíble cantidad de situaciones que en otro caso hubieran resultado forzadas, sino que además, simboliza, connota muchas cosas. El corte: las heridas, físicas y psicológicas, producidas poruna época fraccionada; las composturas, el intento de recomponer una sociedad rota; la confección de un nuevo guardarropa: el cambio de chaqueta que haga presentable a la anterior o que la sustituya, pero que dé una apariencia de vida cuando lo dominante ha sido la muerte. La ficción que supone el vestido, con su simbología de disfraz, de pose, según el momento del día, el lugar o el público al queva destinado, y paralelamente, su relación con el problema de la identidad. De resultas de tanto cambio de ropa/personalidad, la protagonista llega a plantearse quién es ella realmente, dónde está su sitio, cuál es su normalidad, la vida normal a la que aspiraba a disfrutar algún día y que parece no llegar nunca. Pero Sira llega a una conclusión: «La percibí: cercana, conmigo, pegada a la piel....
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