El trabajo

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El trabajo de investigación: técnica y tiempo

La inscripción era como una partida de ajedrez. Los estudiantes precavidos realizaban sus movimientos temprano. Estudiaban a la cabeza de largas colas, pero no precisamente para conseguir los cursos mejores, sino para evitar quedarse empantanados en uno, el que corría a cargo del profesor Horst von Schilermann.

Las probabilidades de verseforzado a entrar en la clase de las tres en punto eran muy escasas, pero no por eso menos aterradoras para arrastrar el riesgo. Según decían los estudiantes, el profesor Schilermann tenía “un trato especial con la coordinación”. Podía escoger veinte alumnos nuevos para su clase, pero tenía que aceptar otros diez de la inscripción general.

Este procedimiento desusado era un pacto. Se produjo de lasiguiente manera: el profesor Schilermann sólo había enseñado antes cursos a graduados hacía diez años, pero, decidió que le gustaría enseñar una sección de inglés para alumnos nuevos. En consecuencia, se puso a proclamar con acento alemán (no explicable del todo, porque ya tenía veinte años en el país) al coordinador del departamento, que se haría cargo de veinte alumnos nuevos para convertirlos enestudiantes de categoría.

El coordinador se enfrentó a un dilema. Por una parte, el digno, pero sensible Schilermann podría tomar como repulsa descortés su negativa. Y pensaba además: “Si presenta su dimisión, tendré que responder ante el director”. De otras universidades buscaban con gran interés a Schilermann.

Era la antorcha brillante de la universidad. Pero, por otra parte, una respuestapositiva representaría un golpe al espíritu y a la moral de los miembros del departamento de inglés, que no tenía más remedio que hacerse cargo de su consabido grupo de treinta por clase; de aquí surgió el pacto.

Desde el primer día de clase vi lo acertadamente que había elegido Schilermann. Los veinte eran genios. Más tarde me enteré de que todos ellos habían obtenido la calificación de M.B.,y de que todos se acercaban a un promedio de 98 puntos. Yo había obtenido en el examen verbal un miserable 72, aunque me sentía orgulloso de mi 85 en matemáticas. Pero el caso era que se trataba de un curso de inglés, en el que el talento verbal desempeña el principal papel.

Al principio creí que se trataba de un rumor nada más pero después de la primera prueba averigüé que era cierto. Losdiez desventurados comparamos nuestras notas y vimos que estábamos entre los treinta y tantos y cuarenta y tantos. Pero nadie ponía en tela de juicio la honorabilidad del profesor Schilermann. Nuestros trabajos estaban llenos de anotaciones, símbolos y comentarios optimistas. Sin embargo, en lo que estábamos de acuerdo, era en su criterio para calificar: sus patrones no eran para pobres mortales comonosotros.

Seis pasaron inmediatamente a otro grupo; los otros tres, después del segundo examen oral. Todo el mundo sabía que era posible ser trasladado. Los demás profesores aguantaron y cargaron con el peso adicional que se les vino encima; pero de esta manera se mantenía el buen espíritu, porque, administrativamente por lo menos, todos los grupos comenzaron con sus treinta.

Quizá sedebiese al instinto ratonil innato en mí, o al ojo fulgurante de Schilermann, pero yo seguí como el invitado de piedra. El día siguiente, el último para cambiar clase, me senté en el asiento de siempre. Los otros veinte alumnos, que generalmente charlaban por los codos hasta que el profesor Schilermann entraba por la puerta, estaban sumidos en un extraño silencio. Es que, verán ustedes, durante diezaños jamás había permanecido en la clase de Schilermann ni uno que no fuera elegido. Esto lo sabían todos. A nuestros oídos llegaron los pasos rápidos y firmes de Schilermann que se iban acercando a la puerta abierta. Su ritmo era más veloz que otras veces. Vimos cómo la punta de su pie izquierdo imponía el espacio vacío del umbral. Estaba entrando. La sangre me martilleaba las sienes. Apenas...
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