El ultimo enigma

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 115 (28563 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 12 de febrero de 2012
Leer documento completo
Vista previa del texto
EL ÚLTIMO ENIGMA JOAN MANUEL GISBERT

A todos los Maestros de Esgrima que en el mundo han sido.

PETICIÓN DE AUXILIO EN PLENA NOCHE Al filo de la medianoche del 5 de abril de 1564, la gran aldaba de la casa del doctor Jacob Palmaert, en Brujas, Flandes, resonó con alarmante insistencia. Poco después de haber oído la llamada, dos miembros de la servidumbre acudieron al vestíbulo de lamansión. Al observar por la disimulada mirilla de la puerta principal, distinguieron en la penumbra un rostro contraído por la ansiedad. El hombre que aguardaba al otro lado de la puerta percibió los resplandores de las lámparas que portaban los domésticos y dijo en voz alta, como si le hablase a alguien que se negara a oír: - ¡Por favor, necesito hablar ahora mismo con el doctor Palmaert! Se trata de uncaso de extrema gravedad. La consulta no puede esperar a mañana; es muy urgente. De otro modo, nunca me habría permitido molestar a hora tan intempestiva. ¡Díganle a doctor que estoy aquí! El silencio de los criados le hizo comprender al visitante que, a causa de la escasa luz, no lo habían reconocido. - Soy el abogado Bartolomé Loos -dijo, seguro de que les sonaría el apellido-. Repito mipetición: den inmediato aviso al doctor. Lo que me ha traído aquí no tiene espera. La identificación obró el efecto deseado: la gran puerta se abrió al fin y el letrado Loos fue conducido a una pequeña sala contigua al vestíbulo, donde los criados encendieron a toda prisa las velas de unos candelabros. Después, sin comprometerse a nada, le pidieron que esperara mientras ellos iban a comprobar si, pese a loavanzado de la hora, su señor estaba en disposición de recibir al recién llegado. El doctor Palmaert, hombre huraño y sombrío, era una reconocida eminencia en las enfermedades y desórdenes de la mente. Su prestigio había atravesado las fronteras. Consultado a menudo por príncipes, nobles y obispos, pasaba por ser el mejor conocedor de las oscuridades y extravíos del pensamiento. La espera fuebreve. Absorto en sus reflexiones, Loos no oyó el leve quejido que la puerta produjo al abrirse ni los amortiguados pasos del doctor sobre el alfombrado. - Buenas noches -le dijo Palmaert, casi sobresaltándolo, para añadir enseguida con su voz gutural-. Aunque todo parece indicar lo contrario, me gustaría creer que su presencia aquí no obedece a nada grave. - Mucho me temo, doctor, que voy aenfrentarlo al caso más extraño de cuantos usted haya conocido. Las pobladas cejas del médico se curvaron como signos de interrogación. - A poca distancia de aquí, en mi casa -prosiguió Loos lúgubremente-, varias personas están siendo consumidas por el más extraño mal del pensamiento que nunca haya padecido un ser humano. Palmaert hizo una mueca escéptica y dijo: - A todos los enfermos les parece que sucaso es único. Por fortuna, casi nunca es así. - Sí esta vez, se lo aseguro. No tardará usted en comprobarlo si accede a mi súplica. Tengo un carruaje esperando. Me veo en la necesidad de rogarle que venga conmigo enseguida. Durante el recorrido le pondré al corriente de los detalles. Palmaert se mostraba vacilante y contrariado. Se le notaba con ganas de desentenderse del compromiso, si no parasiempre, hasta el día siguiente por lo menos.

- ¿De verdad considera usted imprescindible que le acompañe a estas horas? -preguntó el médico, como protestando ante un atropello-. Creo que mañana temprano estaré en mejores condiciones para cumplir con mi deber. Además, con las enfermedades del espíritu las prisas casi nunca son necesarias: o no hay nada que hacer, como ocurre en la mayor parte delos casos, o el tratamiento del mal puede aguardar. Loso había escuchado aquellas palabras como si del anuncio de una catástrofe se tratara. Enseguida hizo oír su voz apremiante. - Se lo ruego encarecidamente, doctor. Es preciso que usted intervenga de inmediato. Algo irremediable puede ocurrir si no lo hace. Frío y escéptico, Palmaert dijo: - Si sobrevalora usted mis posibilidades, lo...
tracking img