El vampiro

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  • Publicado : 14 de diciembre de 2010
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El Vampiro
Horacio Quiroga
Sí dijo el abogado Rhode. Yo tuve esa causa. Es un caso, bastante raro por aquí, de vampirismo. Rogelio Castelar, un hombre hasta entonces normal fuera de algunasfantasías, fue sorprendido una noche en el cementerio arrastrando el cadáver recién enterrado de una mujer. El individuo tenía las manos destrozadas porque había removido un metro cúbico de tierra con lasuñas. En el borde de la fosa yacían los restos del ataúd, recién quemado. Y como complemento macabro, un gato, sin duda forastero, yacía por allí con los riñones rotos. Como ven, nada faltaba al cuadro.En la primera entrevista con el hombre vi que tenía que habérmelas con un fúnebre loco. Al principio se obstinó en no responderme, aunque sin dejar un instante de asentir con la cabeza a misrazonamientos. Por fin pareció hallar en mí al hombre digno de oírle. La boca le temblaba por la ansiedad de comunicarse.
¡Ah! ¡Usted me entiende! exclamó, fijando en mí sus ojos de fiebre. Y continuó con unvértigo de que apenas puede dar idea lo que recuerdo:
¡A usted le diré todo! ¡Sí! ¿Qué cómo fue eso del ga ... de la gata? ¡Yo! ¡Solamente yo!
Óigame:
Cuando yo llegué, allá, mi mujer.
¿Dóndeallá? le interrumpí.
Allá. ¿La gata o no? ¿Entonces? Cuando yo llegué mi mujer corrió como una loca a abrazarme. Y en seguida se desmayó. Todos se precipitaron entonces sobre mí, mirándome con ojos delocos.
¡Mi casa! ¡Se había quemado, derrumbado, hundido con todo lo que tenía dentro! ¡Ésa, ésa era mi casa! ¡Pero ella no, mi mujer mía!
Entonces un miserable devorado por la locura me sacudió elhombro, gritándome:
¿Qué hace? ¡Conteste!
Y yo le contesté:
¡Es mi mujer! ¡Mi mujer mía que se ha salvado!
Entonces se levantó un clamor:
¡No es ella! ¡Ésa no es!
Sentí que mis ojos, al bajarse amirar lo que yo tenía entre mis brazos, querían saltarse de las órbitas ¿No era ésa María, la María de mí, y desmayada? Un golpe de sangre me encendió los ojos y de mis brazos cayó una mujer que no...
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