El viaje del hongo

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EL VIAJE DEL HONGO
Por Marco Antonio Sánchez Ramos
... me había dejado envolver por una mente imaginativa pero
perversa que me prometió ver el Jardín del Edén...
... y me dijo: cómete este hongo que hará que te conozcas a ti mismo...
-M, te toca dar una plática en el curso propedéutico que da la carrera de Medicina.
-¿Medicina?, pero si yo soy biólogo –contesté-.
-Si, ya sé, pero como eresel que está menos ocupado en este momento, te escogimos por
unanimidad para que vayas...
Mmmhh, unanimidad, si ¡Cómo no!. –pensé-. Pero lo que más me dolió fue ese
movimiento de los dedos índices y medios de arriba a abajo cuando dijo “ocupado”, ¡qué
diplomacia!, ni siquiera me dio tiempo de negarme. Pero en fin, voy rumbo a la Escuela de
Medicina preocupado por lo que voy adecir, o mejor dicho, preocupado porque no se me
ocurre nada de que hablar sobre mis experiencias en la Biología y menos para un público de
médicos.
-¡M, por favor, piensa en algo! Te quedan nada más cinco cuadras, piensa por favor.
¿Por qué habré escogido ser biólogo? Yo quería ser pianista...
-¡Piensa, concéntrate!-.
Cuando estaba en la secundaria yo tenía la firme convicción de que el pianoera mi vida. En
ese momento, a mis 12 años, se me había acabado la ilusión de que alguna vez estuviera en
la lista de los niños prodigio, pero aún me quedaba el reto de oír los aplausos fervientes que
me ofrecía mi abuela cada vez que terminaba una nueva pieza. Bueno, en honor a la verdad,
le tenía que avisar que ya había acabado porque, aparte de que solía quedarse dormidacomo una bendita, era sorda la pobrecita...
-¡Concéntrate en tu plática!Lo único que me acuerdo de la Biología de esa época era que tenía que agarrar una rana de
algún charco, llevarla a un laboratorio de la secundaria y abrirla para que le viéramos las
tripas.
-¡Fíjate por donde caminas baboso!
Me encontraba a la mitad de la avenida, los ojos de aquellos energúmenos que merecordaban uno por uno a mi progenitora con las bocinas de sus carros, me hicieron pensar
en mi maestra de Biología de la secundaria. Ella siempre me regañaba porque yo no sabía
que las enzimas no estaban encima de nadie, que los ratones no eran los esposos de las ratas
y que la selección natural no había ganado ninguna copa del mundo. ¡Fásmido!, eso si que
me acuerdo. Le decíamos fásmido porqueestaba “rete” flaca la pobre y era el vivo retrato
de esos insectos palo.
En la secundaria uno tiene la edad en la que se está a merced de las hormonas, esas
infelices sustancias que nos tratan como basura; nos hacen imaginarnos que podemos
enfrentarnos ante cualquier orangután de la preparatoria vecina cuando nos quieren “bajar”
a nuestra chava y, a la vez, nos hacensentir los seres más miserables del planeta cuando,
efectivamente, esos orangutanes nos las “bajan”.
Es una época de cambios en nuestro pobre e indefenso cerebro, los maestros pueden incidir
tanto en nosotros que son capaces de atraernos a sus redes académicas. ¡Pero no!. En lugar
de eso me enfrentaba a los indiscriminados coscorrones que me propinaba la Fásmido. ¿Por
qué habré escogidoBiología?.
-M, ya deja de recordar tus glorias pasadas, ¿Ya te diste cuenta que estás a 3 cuadras de la
Escuela de Medicina?...
En la preparatoria fue distinto. Sin saber cómo ni a qué hora, la vi a ella por primera vez.
Venía como si estuviera flotando, tenía unos ojos, y una boca y unos... ¡No sé comodescribir mi emoción!. La seguí por todos los pasillos y, sin quelo esperara, volteó a
verme, se me acercó lentamente ¡no lo podía creer!, se estaba dirigiendo a mí, me miró
fijamente con esos ojazos y con su voz suave y seductora me dijo:
-¡Oye, tú! ¿No sería mejor que entraras al baño de los hombres?...
-Perdón– alcancé a decir antes de que cerrara la puerta-.
Esas dulces palabras que me dirigió ese día, me hicieron caer redondito a sus pies, pero lo...
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