Emile

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Érase una vez en Madinat al-Zahra allá por el año 915, una cristiana que dio a luz un niño muy hermoso fruto de una relación con el califa Abd al Rahman III, octavo soberano Omeya de la España musulmana y primero entre ellos que tomó el título de califa de Córdoba. Al descendiente del califa lo llamaron Al-Hakam que viene a decir algo así como “el que busca la ayuda victoriosa de Alá”.Físicamente, Al-Hakam era rubio, como era habitual entre los omeyas, pero tirando a pelirrojo, con nariz aguileña y grandes ojos negros color oliva. La infancia de Al-Hakam sucedió en el harén de su padre en el que cohabitó con su madre y sus hermanos, con las esposas y concubinas de su padre y con varios servidores, eunucos y esclavas. Desde muy pequeño y siguiendo los deseos de su padre, comenzó su carrerapolítica y se consagró a los estudios de álgebra, música, poesía, astrología y filosofía. Además de recibir una educación exquisita, Al-Hakam a menudo colaboraba en las funciones del gobierno del califato así como en las campañas militares, ayudando a su padre. El día llegó en el que como es tradición en la cultura musulmana, se debía llevar a cabo el ritual de la khtana o de la circuncisión.Al-Hakam apenas tenía seis años por aquel entonces. A la ceremonia Abd al Rahman invitó a sus más allegados, a todos sus visires, a sultanes otomanos e incluso a los célebres filósofos Averroes y Avempace, pero se olvidó, infortunadamente, de invitar a uno de sus aliados en la lucha contra los cristianos, Borrell II de Barcelona. A pesar de ello, Borrell II acudió al palacio y, al pasar por delantede Al-Hakam, dijo enojadamente: “A los veinticinco años, te pincharás con un compás y morirás”. Averroes que estaba cerca, cuando oyó el maleficio, pronunció a su vez un hechizo para atenuar esta terrible condena: Al-Hakam, en lugar de morir al pincharse, caería en un profundo sueño durante treinta años y únicamente el beso de una joven de sangre azul lo despertaría de su letargo. Al cabo de losaños, Al-Hakam que había sucedido a su padre, ahora era el nuevo califa de Córdoba. Al-Hakam era un buen califa; no sólo mantenía la prosperidad que había alcanzado el califato durante el mandato de su padre, sino que con él logró su máximo esplendor. Los cristianos lo temían y era conocido por ellos como el gran Almanzor. Su padre había mandado destruir todos los compases del califato; hasta enBagdad se aplicó la ley. Sin embargo, el día que Al-Hakam cumplió veinticinco años, el califa fue a uno de los lugares del palacio que todos creían deshabitado, y donde un viejo matemático ignorante de la prohibición de Abd al Rahman, estaba haciendo sus cálculos y mediciones con un compás. De repente, el joven califa recordó el instrumento de su niñez, y sin saber el peligro que corría, le pidió alanciano que le dejara utilizarlo. No hubo trazado ni la mitad de una circunferencia cuando se pinchó y calló al suelo como muerto. La desgracia llegó a oídos de Averroes que inmediatamente recordó el hechizo de Borrell II y acudió al palacio de Madinat al-Zahra en auxilio del antiguo califa. Allí encontró a Abd al Rahman, llorando a los pies del lecho de su hijo. Averroes intento confortarlodiciendo: “Sólo dormirá durante treinta años”. Abd al Rahman desconsolado dijo: “¡Si tan sólo yo pudiera vivir treinta años también!”. Averroes al oír esto, decidió encantar a todos sus seres queridos y, aclamando a Alá y a las estrellas, conjuró un nuevo encantamiento y al instante, todos los habitantes de Madinat al-Zahra se sumergieron en un profundo sueño también. A lo largo de los años, el palaciofue olvidado por todo el mundo. Pero, después de treinta años, aconteció que una princesa de la dinastía de los Idrisíes procedente del Maghreb, que andaba de camino a Córdoba acompañada de su cortejo con el deseo de visitar la biblioteca de la capital califal de la que tanto había oído, pasó por el palacio. A petición de su padre, gran amigo de Abd al Rahman, Ibaa, que así se llamaba la...
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