En el desierto

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En el desierto
por Christopher Shaw
Texto Bíblico: Éxodo 2.15
Lo único que necesita Dios de nosotros es simplemente que nos pongamos en sus manos, para que Él dirija nuestra vida
No es difícilcreer que fue Dios mismo el que conmovió el corazón de Moisés frente a la injusticia que sufrían los Israelitas a manos de los Egipcios. La sensibilidad a las cosas espirituales que le habríanimpartido sus padres no se había perdido durante los años en la corte del Faraón. No obstante, Moisés no había aprendido aún una lección crucial: los planes de Dios no se pueden implementar con métodoshumanos, tal como lo expresó, muchos siglos más tarde, el apóstol Santiago: La ira del hombre no obra la justicia de Dios (1.20)

Para que Moisés pudiera aprender esta valiosa lección, era necesario quefuera a la escuela del desierto. Había en él demasiada confianza en sus propias fuerzas para que le fuera útil a los propósitos del Señor, y Dios debía tratar profundamente con su vida. Allí, pues,pasó largos años. El fuego y el celo que lo habían llevado a asesinar a un hombre lentamente se disiparon y quedó en su lugar la vida apaciguada y sencilla de un pastor de ovejas. Cuando acababa dedesaparecier en él todo anhelo y sueño, volvió Dios a visitarlo para darle la misión de liberar al pueblo de su estado de esclavitud en Egipto. Piense en lo extraño de los caminos de Dios. Cuando Moisésquería servirlo, él no se lo permitió. Y cuando el profeta ya no quería servirlo, Dios se lo exigió. La razón es que Dios no pone el acento sobre nuestras acciones, sino en la clase de persona que somos.Dios no necesita más que nos pongamos en sus manos, para que él dirija nuestra vida.

El gran evangelista Dwight Moody alguna vez comentó de Moisés: «Durante los primeros 40 años de su vida, elpensó que era una persona importante. Durante los segundos 40 años de su vida, aprendió que en realidad no era nadie. Durante los terceros 40 años de su vida, vio lo que Dios puede hacer con un...
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