Enamorada Del Pequeño Dragon

LA ENAMORADA DELPEQUEÑO DRAGÓN1584
I
nés, mestiza de la casa de don Rodrigo Ortiz de Zárate,corre en pos del amo para observar a los tres prisionerosque avanzan entre picas y espadas desnudas. Tancorpulento es su señor que no le deja ver cuanto quisiera.Además, la reverberación que irisa de escamas el río laobliga a hacer visera con la mano. Los tres hombres seaproximan lentamente, hendiendo elgrupo de curiosos.Ahora sí, ahora puede detallarles a su gusto. Se han detenidoante el teniente de gobernador, a pocos metros. Dos de ellosllevan las barbas crecidas, sucias, espinosas, sobre las ropasdesgarradas; el otro, lampiño, parece un adolescente. Unamasa de pelo color de miel le cae sobre el rostro y a cadainstante la aparta con un movimiento brusco de la cabeza:entonces la cara se leilumina con la luz de los grandes ojoscelestes. Inés no vio jamás ojos como ésos. La gente de aquílos tiene renegridos, tenebrosos, o de un verde profundo. Losde Isabel son así, verdes como piedras verdes, como cristalesverdes.El menor se adelanta y hace su reverencia, la diestra enla cintura. A la legua se le advierte el señorío, a pesar deltraje miserable cuyos jirones dejan transparentar, enlaspiernas y en el pecho, su carne justa, ceñida, tostada por elsol. Don Rodrigo tose por dignidad y le interroga: ¿Quiénesson? ¿De dónde vienen? Alza el muchacho la mano delgada yresponde en lengua extranjera, gutural. El hidalgo seimpacienta. Detrás, las mujeres atisban y los hombres delpueblo comentan por lo bajo. Extiéndese alrededor lachatura de Buenos Aires, con unas contadas casucas, conunashuertas, con algún árbol, asomado sobre las tapias. Enel río se balancea la canoa indígena en la cual llegaron losforasteros. Por fin hay uno que entiende a medias ese idiomay que explica al funcionario del Rey: los recién venidos son ingleses y el capitán que los encabeza se llama John Drake.Demúdase Ortiz de Zárate y se le marca en la frente lalividez de la cicatriz:-¿Drake? ¿Dráquez? ¿Cómo elpirata Francisco Dráquez?Torna a parlamentar el intérprete y con mil dificultadestraduce: el joven es sobrino de Sir Francis Drake, corsario dela Reina Isabel de Inglaterra. Lo mismo que sus compañeros,se ha fugado a través del río, por milagro, en esa frágilcanoa. Los indios charrúas les tuvieron presos durante trecemeses.Lo único que al teniente de gobernador importa es quesus obligados huéspedessean súbditos de la soberanaherética. Se mesa las barbas patricias y exclama: ¡Herejes!-¡Herejes! ¡Herejes! -chilla una mujer que le ha oído, yentre los mirones corre un estremecimiento.-Habrá que avisar al Adelantado, a Charcas, y a losseñores inquisidores, en Lima.Don Rodrigo Ortiz de Zárate da la orden de marcha. Vacaviloso. Es hijo del Cerero Mayor de la Emperatriz y nojuega con las cosas queatañen a la religión. Le siguen,custodiados, los tres piratas. Chisporrotean las alabardas,como si fueran de fuego. Cuando pasan junto al rollo dejusticia, donde los criminales son expuestos al escarniopúblico, Ortiz de Zárate titubea. No sabe si debe hacerlesencadenar allí, pero recapacita que ésos son asuntos queincumben a autoridad más alta, y se interna con la comitivaen la ciudad. A la zaga,discuten los vecinos.-A estos luteranos -dice uno- hay que hacerles arder comopaja.Dispone don Rodrigo que por ahora les encierren en lacasa que Pablo de Xerez hace construir frente a la suya, enel solar que Garay le asignara dentro de los repartimientosde la fundación. Ya hay en pie dos habitaciones y una tieneuna pequeña ventana dividida en cruz. Allí quedará elsobrino del Dráquez, el sobrino delDragón, como le llamanen América. A los otros se les señalará por cárcel lahabitación contigua.Inés, la mestiza, ha permanecido inmóvil mientras sealeja la tropa. Aunque se empeñara, no podría moverse. Ensus dieciséis años, nunca ha sentido tan confusa emoción.¡Cómo se asombrarían los muchachos que sin cesar larequieren de amor, si consiguieran leer en su ánimo! Paraellos es la esquiva, la...
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