ensayo de pedagogia

La falsa antinomia entre enseñanza y asistencia
Estanislao Antelo*
Revista El Monitor, Nº 4 (2005)
Se ha vuelto un lugar común describir cierta indisposición escolar recurriendo
a la antinomia entre enseñanza y asistencia. Puede ocurrir que terminemos por
agregar a la lista (la larga y educativa lista) una nueva, extorsiva y poco feliz
oposición.
Extorsiva porque, en el idioma educativo delos argentinos, la antinomia suele
ser una descalificación manifiesta de la idea de asistencia, sumada a la obligación
de optar por lo que podríamos llamar una enseñanza desafectada, profesionalizada.
El artificio que sostiene la extorsión es el siguiente: quien asiste no enseña. En
este caso, sus usuarios (diligentes) bien harían en sincerarse: enseñar es un verbo
de mayor jerarquía (y nocontradictorio) que asistir. No se trata entonces, de
antinomia alguna. El malestar no es más que pérdida de prestigio (prestigio que en
rigor nunca fue tal) del educador escolar cuando su función se equipara con la de
un mucamo, ayo, señora que cuida (como el progresismo vernáculo, amigo de la
higiene y la moderación lingüística, denomina a las empleadas domésticas).
Poco feliz, en tantoignora la fértil sociedad que la enseñanza ha tenido (y aún
tiene) con las ideas de asistencia, cuidado y amparo. En la notable Pedagogía de
Kant, no bien iniciado el trayecto de su argumentación, se define la acción
educativa como cuidado. No se entiende casi nada de las consecuencias de la
acción educativa sin el desamparo inicial de la cría humana y el ulterior auxilio
ajeno que llamamosasistencia, crianza o educación.
Dos usos conocidos de la antinomia sobresalen en el conjunto: El progresista
y gremial que denuncia la superposición de tareas (enseñar-asistir): si bien admite
y se atribuye la dignidad de no renunciar a la urgencia que al parecer causa y
empuja a la asistencia, a la vez responsabiliza a los poderosos de siempre, es decir
a nadie, sobre la superposición misma ylos trastornos subsiguientes. La opción por
priorizar la asistencia (que se acompaña con expresiones del tipo "con chicos con
hambre no se puede enseñar") nos aleja de lo pedagógico. Dicen.
El liberal, un poco escandalizado, que acusa a los maestros (a menudo, para
un liberal los maestros y pedagogos son unas señoras que cuidan, esclavos
modernos de a pie, un poco reacios al trabajo, quetransportan niños) de
abandonar la ilustrada tarea de sacar un poco de lustre -lustrar, para usar un
siempre actual ramosmejianismo- a los craneotas contemporáneos, que escuchan
cumbia y miran tevé.

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ANTELO – “La falsa antinomia entre enseñanza y asistencia.”

En ambos casos, no se consigue sortear la dificultad que emerge cuando se
presentan proposiciones, ideas o prácticascomo necesariamente contradictorias o
excluyentes. Ahora, ¿qué sucede si disolvemos la antinomia? ¿Qué queda por ver?
La conexión, la conexión siempre móvil entre los términos. Optamos, en esta
ocasión, por la vía que liga la asistencia -entendida como cuidado- al conocimiento,
entendido como aquello que pretende ser objeto de una enseñanza.
Virtudes cotidianas
Tzvetán Todorov, en su librosobre situaciones límite, localiza virtudes
distintas de las heroicas. Las llama cotidianas, despojadas de grandeza. Si es el
cuidado la virtud cotidiana que nos interesa es porque requiere del otro, de un
asirse a otro ser vivo. El destinatario del cuidado, a diferencia del héroe, no es una
abstracción sino un individuo concreto. El que cuida cotidianamente no recibe
aplausos, no tienemonumentos, no es un ciudadano ilustre o digno. El cuidado es
una práctica sin espectacularidad.
Todorov define la responsabilidad como una forma particular del cuidado. Las
formas del cuidado que le interesan surgen de su estudio sobre el funcionamiento
de los campos de concentración, a los que llama (conviene prestar atención)
laboratorios de la transformación de la materia humana. En un estado...
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