Ensayo "erase un hombre a un celular"

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Artículo: Érase un hombre a un celular por Luis Rafael Sánchez
Pudimos ser cinco a la mesa si uno de los comensales se hubiera ahorrado la mala educación de traer consigo el teléfono celular. Fuimos, por tanto, seis quienes acudimos un martes por la noche, de hace pocas semanas, al restorán Steaks and Company, que radica en Isla Verde, con el sano propósito de comer bien y conversartambién. Asimismo, con el propósito de retomar una amistad que arraigó durante los años universitarios y sobrevivió al sinfín de diferencias sociales, políticas y económicas y una que otra avería menor de la salud.

Acordamos reunirnos cinco veces al año, en la medida de lo posible. Acordamos que las reuniones se celebrarían fuera de los respectivos hogares, a preferir en díamartes. Acordamos que cada quien seleccionaría el restorán donde agasajaría, de acuerdo con su mejor criterio y en concordancia con los alcances de su bolsillo.

A propósito, uno de los cinco amigos, pintor de talento excepcional y en permanente crisis económica, consultó si el Bebo's de la calle Loíza sería una alternativa digna para cuando llegara su turno de agasajar, pues su bolsillotenía el calado llano.

Los cuatro respondimos que el Bebo's de la calle Loíza sería una alternativa dignísima. Seguido evocamos el sancocho que allí se sirve y que toca a las puertas del alma. Un sancocho en que flotan, como flores de loto en el estanque, los pedazos de puerco y pollo.

Me cupo el honor de ser el anfitrión inicial.

Supliqué a misinvitados, previo a llegar al restorán que seleccioné, evitar el intercambio de noticias sobre el colesterol malo y artritis, la vejiga hiperactiva y el recrecimiento de la próstata. Los cuatro se comprometieron a evitar dicho intercambio. De manera que, un martes por la noche, hace pocas semanas, nos reunimos los cinco amigos en el restorán Steaks and Company con el propósito sano de comer bien yconversar también.

En cuanto a lo primero no hubo problema, pues se comió en abundancia y a gusto. Además, se descorcharon dos botellas de un aceptable vino Rivera del Duero que repartidas con equidad, dieron para colmar tres copas por persona. Antes de marcharnos, el siempre apreciado Juan Carlos Becerra, dueño del restorán, nos obsequió un delicioso cordial de mandarina, asíque la posdata fue de sabor dulzón.

En cuanto a lo segundo y lo tercero, en cuanto al propósito sano de retomar la amistad y conversar a las anchas, ya fue otro cantar. El teléfono celular, el invitado cuya presencia se nos hizo antipática desde el principio, se encargó de impedirlo. Y es que no cesó de incordiar. Y es que no cesó de timbrar.

Bueno, lo de timbrarpeca de eufemismo. Aquel teléfono celular imitaba el ruido de una sirena de ambulancia o el llanto berrinchoso de un recién nacido a quien le toca la teta a las siete y ya son las nueve. La imitación ofendía al sistema auditivo de cuantos nos encontrábamos aquel martes por la noche en el Steaks and Company. Pero, en especial, el sistema auditivo de los cinco amigos sentados en la mesa con vista ala avenida, nombrada igual al barrio urbano que atraviesa, Isla Verde.

Me desagradan los restaurantes caribeños encuevados, con guille de gruta o ultratumba. Tales restaurantes son propios de las ciudades donde la temperatura glacial supone la norma. Digamos que los restaurantes de Alaska hacia arriba. La portentosa luz del Caribe merece la distinción de patrimonio de lahumanidad. De ahí que los restaurantes caribeños deban propagarla, gozarla. De ahí que reservara una mesa junto a la ventana, a pesar de las celosías medio entornadas.

Repito, el timbre ofendía el sistema auditivo de los cinco. ¿De los cinco? De los cinco. Pues el dueño del minúsculo instrumento de tortura empezaba a mosquearse. Incluso sus orejas grandotas sufrían el embate de un...
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