Ensayo

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Qué podemos decir de los discursos en relación a la clínica psicoanalítica con niños? En primer término, que la dimensión de lugar en un ordenamiento lógico, dentro del cual el niño va a ocupar el lugar que se le ofrezca disponible, es algo que un analista que se decida a realizar su práctica clínica con niños no debería pasar por alto. Decir esto implica la necesidad de tener en cuenta lavariable del lazo social, y cómo es la mediación en juego en cada caso. Mediación que posibilite, en principio, un tratamiento localizado (un lugar para el tratamiento, luego desarrollaré este punto); o bien ausencia, falta de mediación, que en todo caso convoque los demonios del no-lugar. Los demonios del no-lugar, es decir la pura presencia concreta de los cuerpos allí, en un allí que no es temporal,en un allí que no es existencial ni ontológico. En un allí que – simplemente – es, en una mera confusión con las cosas del mundo.



Como sabemos, la demanda de tratamiento puede aparecer de diversos modos, y agenciada por diversas instancias, por distintos agentes. Estos agentes de la demanda, a su vez, no sólo van a estar posicionados desde un lugar distinto a producirla, sino que,además, van a dejar vacante y disponible un lugar particular, en cada caso, al que quedará confinado allí el niño en cuestión. Los padres, la escuela, o los padres intimados por la escuela o por la medicina, etc., cualquiera de estas instancias pueden presentarse como acompañantes y responsables por la presencia de un niño en el consultorio de un analista. A su vez, el modo particular de inserción enalgún lazo social por parte de esos padres, va a posicionar, inevitablemente, al hijo. Hijo que en tanto tal, como lo que decanta de esos padres, como producto del discurso de ellos, va revestir determinadas características específicas, funcionales a tal discurso. Esto es: un lugar determinado por el efecto del discurso en cuestión, y a la vez, lugar que colabora en el sostenimiento de laconsistencia y la eficacia de dicho discurso.



En cuanto al hijo como producto, Lacan escribe:

“Les he dicho, a es uno de los términos de esta relación genital, cualquiera sea su sexo. La muchacha como el muchacho en el reporte sexual, en la experiencia de la relación subjetiva en tanto que el análisis la define como edípica, la muchacha como el muchacho entran ahí desde el principio como niños,dicho de otra manera representando el producto”[1].

Y más adelante, en el mismo Seminario, leemos:

“El a es el niño metafórico del uno y del Otro en tanto nace como desecho de la repetición inaugural, la que por ser una repetición exige esta relación del uno al Otro, repetición de donde nace el sujeto”[2].

En lo que nos importa señalar, para el aprovechamiento de estas referencias,destacamos la rebeldía lacaniana, la resistencia a caer en lo obvio, evidente, y aplastante de la identificación del niño con el niño natural, con una mirada ingenua del mismo. Por otra parte, “el niño metafórico” que viene a ser ese objeto a, “del uno y del Otro”, señala la incomodidad y lo refractario de las complementariedades, cuales quieran que sean. Ni la pareja aristofánica, ni la supuestaunidad madre-hijo. Por otra parte, si el falo y su significante representan una terceridad en la relación de lo uno y lo otro, en la repetición primera, que instaura el producto del algoritmo del sujeto, no tenemos otra cosa que un resultado tetrádico, y ya no ternario. ¿Por qué? Porque si bien aparece el sujeto como producto, sin embargo allí, en la promoción de ese primer ser al estatuto de unprimer significante, no encontramos otra cosa que la consistencia de un objeto. Y tal objeto, el que le corresponde a ese sujeto, no es otra cosa que el producto de lo que como efecto discursivo ha ocurrido. Más adelante retomaremos este problema en relación al algoritmo del sujeto, e intentaremos señalar el interés para el tema que nos ocupa aquí.



En cuanto al discurso como aquello que...
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