Entierro del no puedo

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  • Publicado : 9 de septiembre de 2010
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EL entierro del “No puedo”
La clase de cuarto grado de Donna se parecía a muchas otras que yo había visto antes. Los niños se sentaban en cinco filas de seis pupitres. La mesa de la maestra estaba a la entrada del aula, frente a los alumnos. El tablero de anuncios destacaba algunos trabajos de los chicos. En la mayoría de los aspectos parecía un aula típica de la escuela elemental tradicionaly, sin embargo, el día que yo entré por primera vez me pareció diferente. Era como si allí hubiera una corriente de entusiasmo.
Donna era una maestra veterana de una pequeña ciudad del estado de Michigan, a quien sólo le faltaban dos años para retirarse. Además, participaba como voluntaria en un proyecto de desarrollo que abarcaba al personal de todo el condado y que yo había organizado yrespaldaba. La enseñanza se centraba en el aprendizaje de ideas del lenguaje artístico que permitieran a los alumnos sentirse satisfechos consigo mismos y hacerse cargo de su propia vida. La tarea de Donna consistía en asistir a las sesiones de formación y llevar a la práctica los conceptos que surgieran de aquella iniciativa.
Me instalé en un asiento vacío al fondo del aula y me puse a observar. Todoslos alumnos estaban participando en la tarea, que consistía en llenar una hoja de papel con ideas y sugerencias. La niña más próxima a mí, de unos diez años, estaba llenando su página de «No puedo».
«No puedo chutar una pelota de fútbol más allá de la segunda base.»
«No puedo hacer divisiones de más de tres cifras.»
«No puedo conseguir que Debbie sea amiga mía.»
Había llenado la página hastala mitad y no parecía que hubiera acabado el tema. Seguía escribiendo con determinación y persistencia.
Recorrí la fila, mirando al pasar los papeles de algunos niños. Todos estaban escribiendo las cosas que no podían hacer.
«No puedo hacer la vertical.»
«No puedo correr más de doscientos metros sin descanso.»
No puedo comer más de un bollito.»
Mi curiosidad se había despertado y decidípreguntar a la maestra qué era lo que estaba pasando, pero como al acercarme vi que ella también estaba escribiendo, decidí no interrumpirla.
No puedo conseguir que la madre de John venga a las reuniones de la escuela.
«No puedo conseguir que mi hija llene el depósito del coche.»
«No puedo hacer que Alan use las palabras en vez de los puños.»
Frustrado en mis esfuerzos por determinar por qué losestudiantes y la maestra se dedicaban a escribir enunciados negativos en vez de otros más positivos, que empezaran por «Puedo», volví a mi asiento para continuar mis observaciones. Los alumnos siguieron escribiendo durante unos diez minutos.
Casi todos llenaron su página y algunos incluso empezaron otra.
—Terminad la página que estáis haciendo y no empecéis otra —fue la consigna que dio Donnapara indicar que pusieran fin a su actividad. Después, dio instrucciones de que cada uno doblara su papel por la mitad, lo llevara hasta su mesa y lo dejara en una caja de zapatos vacía.
Una vez recogidos todos los papeles, Donna añadió el suyo. Tapó la caja, se la puso debajo del brazo y salió del aula hacia el pasillo, seguida por todos los alumnos. El último de la fila era yo.
A mitad delpasillo la procesión se detuvo. Donna entró un momento en el cuarto de herramientas del portero y volvió a salir con una pala. Con la pala en una mano y la caja de zapatos en la otra, salió con los niños de la escuela y se fue hasta el rincón más alejado del jardín, más allá del patio de recreo.
¡Iban a enterrar los «No puedo»! La excavación les llevó unos diez minutos porque la mayoría de los niñosquerían participar. Cuando el hoyo alcanzó casi un metro, la excavación se detuvo. La caja de los «No puedo» fue debidamente colocada en el fondo del hoyo y rápidamente cubierta de tierra.
Treinta y un niños de diez y once años estaban de pie ante el hoyo recién cavado. Cada uno tenía por lo menos una página llena de «No puedo» en la caja de zapatos, a más de un metro bajo tierra, lo mismo que...
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