Eric j. hobsbawm (1968; 1977): industria e imperio – capítulo 3: “la revolución industrial, 1780-1840”

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Eric J. Hobsbawm (1968; 1977): Industria e Imperio – Capítulo 3: “La Revolución industrial, 1780-1840” - 1 HOBSBAWM, Eric J. (1968; 1977): "La Revolución industrial, 1780-1840" - Capítulo 3 (pp. 55-76) de: Industria e Imperio : Una historia económica de Gran Bretaña desde 1750 / Traducción de Gonzalo Pontón -- Barcelona : Ariel, 1977 -- 375 p. -ISBN: 84-344-6520-5 -- Hay una ed. más reciente:Barcelona : Crítica, 2001 -[Traducción de: Industry and Empire : An Economic History of Britain since 1750 -- Harmondsworth ; London : Penguin Books ; Weidenfeld and Nicolson, 1968]

Capítulo 3

LA REVOLUCION INDUSTRIAL, 1780-1840 (1)

Hablar de Revolución industrial, es hablar del algodón. Con él asociamos inmediatamente, al igual que los visitantes extranjeros que por entonces acudían aInglaterra, a la revolucionaria ciudad de Manchester, que multiplicó por diez su tamaño entre 1760 y 1830 (de 17.000 a 180.000 habitantes). Allí "se observan cientos de fábricas de cinco o seis pisos, cada una con una elevada chime nea que exhala negro vapor de carbón"; Manchester, la que prover bialmente "pensaba hoy lo que Inglaterra pensaría mañana" y había de dar su nombre a la escuela de economíaliberal famosa en todo el mundo. No hay duda de que esta perspectiva es correcta. La Revolución industrial británica no fue de ningún modo sólo algodón, o el Lancashire, ni siquiera sólo tejidos, y además el algodón perdió su primacía al cabo de un par de generaciones. Sin embargo, el algodón fue el iniciador del cambio industrial y la base de las primeras regiones que no hubieran existido a noser por la industriali zación, y que determinaron una nueva forma de sociedad, el capi-

talismo industrial, basada en una nueva forma de producción, la "fábrica". En 1830 existían otras ciudades llenas de humo y de máquinas de vapor, aunque no como las ciudades algodoneras (en 1838 Manchester y Salford contaban por lo menos con el triple de energía de vapor de Birmingham) (2), pero las fábricasno las col maron hasta la segunda mitad del siglo. En otras regiones industriales existían empresas a gran escala, en las que trabajaban masas proletarias, rodeadas por una maquinaria impresionante, minas de carbón y fundiciones de hierro, pero su ubicación rural, frecuentemente aislada, el respaldo tradicional de su fuerza de trabajo y su distinto ambiente social las hizo menos típicas de la nuevaépoca, excepto en su capacidad para transformar edificios y paisajes en un inédito escenario de fuego, escorias y máquinas de hie rro. Los mineros eran --y lo son en su mayoría-- aldeanos, y sus sistemas de vida y trabajo eran extraños para los no mineros, con quienes tenían pocos contactos. Los dueños de las herrerías o forjas, como los Crawshays de Cyfartha, podían reclamar --y a menudorecibir-- lealtad política de "sus" hombres, hecho que más recuerda la relación entre terratenientes y campesinos que la esperable entre patronos industriales y sus obreros. El nuevo mundo de la industrialización, en su forma más palmaria, no estaba aquí, sino en Manchester y sus alrededores. La manufactura del algodón fue un típico producto secundario derivado de la dinámica corriente de comerciointernacional, sobre todo colonial, sin la que, como hemos visto, la Revolución industrial no puede explicarse. El algodón en bruto que se usó en Europa mezclado con lino para producir una versión más económica de aquel tejido (el fustán) era casi enteramente colonial. La única industria de algodón puro conocida por Europa a principios del siglo XVIII era la de la India, cuyos productos (indianas ocalicoes) vendían las compañías de comercio con Oriente en el extranjero y en

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su mercado nacional, donde debían enfrentarse con la oposición de los manufactureros de la lana, el lino y la seda. La industria lanera inglesa logró que en 1700 se prohibiera su importación, consi guiendo así...
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