Ernest hemingway - paris era una fiesta

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PARIS ERA UNA FIESTA

ERNEST HEMINGWAY















EDITORIAL SEIX BARRAL, S.A.
Título Original: The sun also rises
Traducción de M. Solá
Impreso en España, mayo de 1985
ÍNDICE



Libro primero 5

Capítulo primero 5

Capítulo II 7

Capítulo III 10

Capítulo IV 16

Capítulo V 21

Capítulo VI 24Capítulo VII 30


Libro segundo 38

Capítulo VIII 38

Capítulo IX 44

Capítulo X 49

Capítulo XI 55

Capítulo XII 60

Capítulo XIII 67

Capítulo XIV 78

Capítulo XV 80

Capítulo XVI 89

Capítulo XVII 99

Capítulo XVIII 109


Libro tercero 120Capítulo XIX 120

















Este libro está dedicado a Hadley
y a John Hadley Nicanor


Ninguno de los personajes de este libro
está tomado de la realidad




Libro primero






Capítulo primero



Robert Cohn había sido en un tiempo campeón de pesos medios en Princeton. No vayáis a creer que un título de boxeo meimpresione en gran manera; pero, para Cohn, significaba muchísimo. No le gustaba nada el boxeo; a decir verdad, lo detestaba. Si lo había aprendido a fondo, después de arduo esfuerzo, había sido para contrarrestar el sentimiento de inferioridad y timidez que sintió al ser tratado como judío en Princeton. Le procuraba cierto consuelo íntimo saber que podía tumbar a cualquiera que fuese insolente con él,aunque, como era muy tímido y una buena persona por naturaleza, no peleó nunca excepto en el gimnasio. Era el discípulo más brillante de Spider Kelly. Spider Kelly enseñaba a todos sus jóvenes caballeros a boxear como pesos pluma, tanto si pesaban ciento cinco libras como doscientas cinco; pero, por lo que parece, a Cohn el método le sentó como un guante. Era tan bueno que Spider pronto le hizocompetir con gente que lo aventajaba; la consecuencia fue que le quedó la nariz aplastada para toda la vida. Esto acentuó la aversión de Cohn por el boxeo, pero le proporcionó al mismo tiempo una extraña satisfacción y, desde luego, mejoró su nariz. En su último año en Princeton leyó demasiado y se acostumbró a llevar gafas. No encontré nunca a nadie de su promoción que se acordase de él, ni siquierade que había sido campeón de pesos medios.
Desconfío de todas las personas francas y sencillas, especialmente cuando sus historias parecen tener lógica, y siempre me quedé con la sospecha de que tal vez Robert Cohn no había sido nunca campeón de pesos medios; quizá un caballo le había pisado la cara, o quizá su madre había tenido un susto o había visto algo, o quizá él, de niño, se habíadado un porrazo. Pero al fin encontré a alguien que consiguió comprobar aquella historia preguntándosela al mismo Spider Kelly. Spider Kelly no sólo recordaba a Cohn, sino que se había preguntado a menudo qué se había hecho de él.
Robert Cohn pertenecía a una de las familias judías más ricas de Nueva York, por parte de su padre, y a una de las más antiguas, por parte de su madre. En la escuelamilitar donde se preparó para entrar en Princeton y fue al mismo tiempo un excelente extremo del equipo de fútbol, nadie le había hecho tomar conciencia de su raza. Nadie le había hecho sentir que era judío y distinto, por tanto, a todos los demás, hasta que fue a Princeton. Era un muchacho amable, afectuoso y muy tímido, y ese asunto le amargó la vida. Se desahogó boxeando, y salió de Princetoncon un penoso complejo de inferioridad y con la nariz aplastada. Se casó con la primera chica que fue amable con él. Estuvo casado durante cinco años, tuvo tres hijos, perdió la mayor parte de los cincuenta mil dólares que su padre le había dejado —el resto de los bienes había ido a parar a su madre— y se templó en el poco atractivo molde de la infelicidad doméstica con una mujer rica. Y,...
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