Escepticismo y alegría en michel de montaigne fernando rodríguez genovés

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Escepticismo y alegría
en Michel de Montaigne
Fernando Rodríguez Genovés
Examinamos aquí el sentido y el alcance del denominado escepticismo,
con el que es costumbre rotular el pensamiento contenido en los Essais
de Michel de Montaigne, a la luz de su comprensión de la alegría{1}

Otras épocas más serenas lanzaron una mirada distinta sobre la herencia literaria, moral y psicológica deMontaigne, debatiendo sabiamente a fin de saber si era un escéptico o un cristiano, un epicúreo o un estoico, un filósofo o un bufón, un escritor o tan solo un genio diletante
Stefan Zweig, Montaigne
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Entre el escepticismo y la perplejidad
Los Ensayos de Michel de Montaigne, considerado como libro total e íntegro, se hallan repletos de alusiones al valor relativo de nuestras ideas, hasta elpunto de mostrar manifiestas reservas acerca del derecho que tenemos a reivindicarlas indiscutiblemente como propiamente «nuestras». La mirada crítica hacia la filosofía y la ciencia oficiales no abandona al autor en ningún momento de su obra. En particular, la «Apologie a Raimond Sebond», el texto más extenso en el conjunto de ensayos («un si long corps contra ma coustume»), y que por su formalidadpresenta una cierta discontinuidad con el resto, suele interpretarse como el testimonio más concluyente de su incontestable «escepticismo y fe animal», por decirlo al modo de George Santayana. El argumento central del texto montaniano destila, en efecto, descreimiento general y un elogio de la duda y la precaución frente a las disertaciones que hablan en nombre de la Verdad. ¿Contrae esta actituduna defensa del escepticismo?
La incredulidad en Montaigne proviene, según mi apreciación, de la tradición naturalista que impacta en él y que le hace recelar de toda fe demasiado humana que pretenda elevarse milagrosa y peligrosamente por encima de la simple «fe animal», o
como quiera denominarse la acción de ligar la creencia al instinto de conservación y de protección que renta sentimientode compasión y saludable panorámica de diversidad de especies y hábitos. Esta «fe» percibida y apreciada en los animales, en los tiempos en que prevalece el ruido, el fanatismo y la furia, resulta menos amenazadora que la que inflama a los hombres y sus creencias.
Tal instinto hace a las bestias más interesantes que a los humanos, y no tanto por ser fieras sino por no ser tan dañinos como sonlos hombres enfurecidos y enloquecidos por una fe que les hace perder la recta razón y una razón que les aparta de la serena fe. Aparte de todo esto, Montaigne siente efectiva admiración por los animales, por ese instinto que les impulsa a permanecer y fijarse en el presente, en vivir alejados de la imaginación y en no sentir, ni estrictamente prevenir, el devenir.
A la «natural» prevención dereconocer el derecho a defender cualquier fe, que quebrantando el estímulo de su origen separa más que refuerza y agita más que serena; a esa idea de razón que antepone conquistar por imposición y coacción a adquirir por persuasión y convencimiento; a esta disposición precavida y prudente que ilumina la cogitación de Montaigne no estoy muy seguro de que les convenga, en rigor, el calificativo deescéptica aplicada a un filósofo asimismo escéptico. Escéptico es aquel que no cree, bajo ningún concepto, en la posibilidad de verdad de la razón, el que duda tanto de las cosas del mundo como de su propio yo. Ese sería, verbigracia, el caso, entre otros, de David Hume, pero no el de Montaigne.
Bien es cierto que el gentilhombre francés no piensa demasiado en la verdad, pero esto no le hace negar laverdad, lo cual supondría, por cierto, ya una firme convicción, incompatible con un pulcro escepticismo comme il faut. A Montaigne, simplemente, le cuesta creer a pie juntillas que pueda ser plenamente verdad y real todo lo que está sucediendo ante él, a su alrededor, sin más contemplaciones. Montaigne fue más que un descreído, un hombre perplejo. Pero su perplejidad y turbación ante el mundo...
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