Esclavos made in japan

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Esclavos Made in Japán

Compran ‘bolitas’ a precio de ‘gallina muerta’
Trata. El rentable negocio del tráfico de humanos lleva a los bolivianos a devorarse sin piedad
Texto: Roberto Navia Gabriel
Fotos: Clovis de la Jaille

Todo es real. Hay explotación laboral, trata de personas y reducción a servidumbre. Existe retención indebida de documentos, niños trabajando, promiscuidad sexual ytuberculosis. También se registran jornadas de trabajo que duran más de 20 horas, salarios miserables a cambio de un cuartucho, un raquítico plato de comida y, sobre todo, hay muchas máquinas de coser.
Todo ello ocurre a diario y sin frenos en los cientos de talleres de costura clandestinos, camuflados en casas de familia, que operan de lunes a domingo en las ruidosas ciudades de São Paulo y BuenosAires que aterran a los miles de bolivianos que, sentaditos en las máquinas de coser, están siendo sometidos a un sistema de esclavitud que no es un secreto y que ya no avergüenza a ninguna autoridad, a no ser que uno de los tantos desgraciados muera trágicamente.
Las víctimas son los bolivianos pobres y desempleados que sobreviven en los rincones olvidados del país. Pero también son bolivianossus verdugos que ejecutan técnicas persuasivas para arrancarlos de sus lugares y llevarlos con engaños a esas tierras lejanas donde, en vez de llamarlos por sus nombres, les dicen ‘los bolitas’, y donde los encierran para que costuren cientas de prendas de vestir, desde las siete de la mañana hasta las dos o tres de la madrugada del día siguiente.
Los consulados que Bolivia tiene en ambas ciudadesrevelan cifras aterradoras: de más de un millón de inmigrantes bolivianos, muchos viven bajo este régimen en Buenos Aires. Lo mismo sucede en São Paulo, donde hay cerca de 80.000 inmigrantes.
Como es de suponer, esto lo saben las autoridades en Bolivia, pero también lo saben sus pares en Brasil y Argentina, la Iglesia católica y también la Policía. Pero el viaje de tres semanas que hice a SãoPaulo y a Buenos Aires, no sólo sirvió para escuchar a esas fuentes oficiales, sino, y sobre todo, para meterme en el ‘estómago de la bestia’, es decir, internarme en la vida de esos hombres y mujeres, aquellos morenitos de baja estatura, livianitos de peso y de cabeza gacha, para comprobar y escuchar sus historias y también las historias de los dueños de los talleres y descubrir cómo se origina ycómo crece y se fortalece ese tráfico de ‘carne humana’, cuyo movimiento económico, por ser tan grande, nadie ha podido medir todavía.
La persona que me ayudó a ganar la confianza de los involucrados, de los buenos y de los malos de esa película de terror, fue Charly -su nombre es Marco Antonio Hinojosa (62)- aquel hombre que con el paso de los años dejó de parecerse físicamente a la estrellahollywodense de los 80, Charles Bronson, para ahora asemejarse al presidente brasileño Luis Inácio Lula da Silva.

“Quiero que cuenten todo a este periodista que vino de Bolivia”, les decía con su voz imperativa y ronca a los bolivianos que habían sido rescatados de aquel mundo sin Dios, como ellos lo llaman. A Charly lo respetan porque él les ayuda a tramitar ante el Consulado sus documentos deradicatoria y en detectar y llevar al hospital a los compatriotas que tienen síntomas de desnutrición y de tuberculosis.
Una treintena de testimonios revela que fueron reclutados con engaños en Bolivia a través de anuncios que se emiten por radio, prometiéndoles vivienda y alimentación como la gente, y un sueldo de 300 dólares por trabajar ocho horas diarias. Pero nada de eso ocurre. Cuando llegan ala ciudad les quitan sus documentos y les dicen que no salgan a la calle porque la Policía Federal odia a los inmigrantes y que los llevarán a la cárcel. Les dan la triste noticia de que la paga no será por mes, sino por prendas, entre 0,10 y 0,30 centavos de dólar por cada costura; y les recalcaban que no recibirán ningún sueldo hasta que no terminen de pagar el pasaje que les costearon desde...
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