!Esta es la capital!

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  • Publicado : 11 de febrero de 2012
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Esta es la capital...
Maria Cristina Caso

Áccesit del «Concurso de Cuento Corto Latinoamericano»

Felicia estaba sentada junto a su ventanita mirando al patio donde los niños pateaban un balón. Pensaba con nostalgia en los adobes de su casita en las afueras de Loreto, junto al cerro El Esclavo, en Zacatecas. Hacía apenas dos meses y medio que Sebastián y ella habían vendido su casita y sumula y tomado el camino a la estación de autobuses para venir a la capital.
Todos los días Felicia despertaba angustiada y triste al encontrarse en ese lugar que seguía siendo extraño. Esto es la capital, pensaba una y otra vez mientras se levantaba, se lavaba en el aguamanil junto a la puerta y salía a la cocina de doña Braulia para prepararle a Sebastián las tortillas y la cecina que se llevabacuando salía a buscar trabajo.
Esto es la capital, pensaba ahora. Bien sabía Felicia que, aunque se muriera de tiricia aquí en la capital, no habría sido posible quedarse en Loreto. Sebastián trabajaba la candelilla, que no les daba lo suficiente para mantenerse, y ella tenía que irse a pie a Loreto a buscar casas donde le dieran trabajo de lavandera. Por la noche los dos estaban tiesos decansancio y apenas alcanzaban a comer los frijoles con tortillas que noche a noche les mataban el hambre.
La candelilla es muy cruel, pensaba Felicia. Sebastián tenía que caminar horas enteras para encontrar las matas, cortarlas y ponerlas a lomo de la mula. Regresaba cuando el sol comenzaba a meterse. Entonces los dos juntos desbarataban las matas y metían la candelilla en la paila junto al corral.Felicia desde temprano había empezado a calentar el agua poniendo varas secas en el agujero escarbado en el suelo sobre el que se colocaba la paila. Las manos se les desollaban a los dos de tanto jalar las candelillas. Luego Sebastián las iba acomodando en el caldero de modo que el agua caliente las tapara, y que hubiera bastantes ramas para que tanto trabajo rindiera siquiera un poco de ganancia.Luego venía el tiempo de moverlas con una varilla gruesa para lograr que la cera se despegara del tallo. Y así, moviendo sin parar, les llegaba la noche. Con luz de vela, luz de candelilla, terminaban el trabajo y sólo se retiraban a dormir cuando habían logrado sacar del agua toda la cera flotante, que se dejaba a escurir durante la noche. Al día siguiente amasaban la candelilla en bultos queenvolvían en trozos de manta, los acomodaban en el lomo de la mula y él se iba venderlos a los industriales de Loreto.
La candelilla que Sebastián vendía se pagaba muy mal. Como decía la abuela Rita, no daba más que para tener el alma hilvanada al cuerpo con hilvan flojito, que en un descuido se te suelta. Los industriales conseguían un precio hasta cinco veces más alto por la candelilla refinada yterminada. La vendían a japoneses, a alemanes y a americanos que la usaban en sus artesanías, para medicinas, para cosméticos, para tintas y también para velas. Pero, pensaba Felicia, lo que es salir al campo a buscar la mata es tarea de miserables. Se le nublaban los ojos sólo de pensar en esto.
Felicia suspiró y se alejó de la ventana para hacer su quehacer. Doña Braulia venía entrando de callecon su canasta de la compra.
–Buenos días, Felicia.
–Buenos días, señora. ¿Tan temprano y ya hizo su compra?
-Claro que sí, niña, yo voy antes de que la verdura quede toda escogida y apachurrada, y las marchantas se hayan llevado los alones de pollo más llenitos de carne. Felicia se quedó azorada viendo la canasta. Había allí muchas cosas buenas y a ella se le hizo agua la boca.
–Pues yo mevoy también ahorita a ver qué encuentro.
Ni canasta tenía Felicia. Tomó una bolsa de papel de estraza que tenía doblada en su mesita, buscó el dinero que Sebastián había dejado dentro de la ollita de barro y lo contó con aflicción. Seis pesos con treinta. Creo que mejor ni voy, pensó desanimada, pero al fin salió y se encamino a la puerta. Doña Braulia se asomó a la ventana de su cocina y le...
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