Este muchacho me ha caído en simpatía

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«Este muchacho me ha caído en simpatía»
Del libro de cuentos Saco y van siete, Lima 1999

En la mesa del fondo, las botellas de cerveza se alineaban como soldados en formación. Sus cuatro ocupantes parecían piratas retirados intercambiando viejas historias marineras como si repartiesen un botín enterrado por otros. Las últimas luces de la tarde daban un tono amarillo a las paredes del templocercano a la fonda. Los parroquianos, mientras comían o bebían, conversaban en voz alta abriéndose paso entre los ruidos. Las noticias de la tarde revelábanse en los gestos del rostro del dueño que las leía detrás del mostrador. De rato en rato, entraban y salían vendedores de golosinas, adivinadores de la suerte o bohemios en quiebra. Humo, música, aromas de cocina, ruido de vasos al chocar...—¿Se acuerdan del Chato Villanueva? ¿Qué será de él...?
—Me contaron que se retiró a su fundo en Mala...
—¿No era que andaba exportando calamares?
—¿Y su mujer?, ¿cómo se apellida?
—Dulanto, Flor Dulanto. Sonoro, ¿no? A ella la dejó hace ratón. Al hombre le fue mal en la política y en el amor.
—Quién sabe, la gente exagera...
—Exagera qué.
—Lo del fracaso político.
—Ah, bueno, pensé que ibas adecir que había una mejor que Flor Dulanto. Qué mujer. Mejor dicho qué hembrón: guapa, elegante, sencilla, leída, alegre. ¿Qué más se puede pedir antes de irse al infierno, ah?
Exhalaron suspiros que se entrelazaron con la espiral de volutas del humo de los cigarrillos. Entrecerraron sus ojos, más que para hurgar en el pasado, para protegerse del fulgor de los recuerdos, mientras la cervezatibiamente, sin sobresaltos, discurría en sus entrañas como buscando un recodo en donde descansar. Tosieron.
—Bueno —dijo el más joven—, ¿y cómo fue esa historia de cuando estuvo arriba? Cuenten ustedes. En esa época, yo estaba chico.
—Sí, de biberón.
—Huevón.
Carcajadas secas y filudas.
—Bueno, era la época en que el Chato era universitario y andaba con los rábanos.
—No, ya era abogado.
—Perosí estaba con los rojos.
—Bueno, creo que sí, porque andaba asesorando campesinos, a los cholos pues, a organizar sus sindicatos.
—Ya me acordé, era asesor de la confederación de campesinos del Perú.
—El hombre no tenía nada claro en la vida, soltero, sin chamba fija, con ideas calientes en la cabeza, y de pronto viene el golpe de Odría.
—Hubo un julepe de la patada. Empezaron a apresar amedio mundo, los apristas y los rojos gritaban, tiraban piedras, corrían, reventaban bombas...
—La gente decía, después del desorden que ha habido qué se va a hacer, mientras otros decían, pero qué vamos a sacar con un cachaco inculto.
—Cómo se desvían ustedes. ¿Podrían decirme qué pasó con el Chato Villanueva?
—Puta, eres más jodido que amaestrador de circo. Déjanos parir como querramos. Total,cuando estás pegado a la tele te tienes que chupar todos los comerciales, ¿no?
—Estábamos en esos trajines de cómo salvar el puesto los que eran empleados públicos y de cómo conseguir uno los que no lo teníamos, cuando descubrimos que nada menos el Chato, uno de los más furibundos antiodriístas, tenía un primo hermano que era ministro.
—Así que empezamos a batirlo. Que doctorcito, cuandojuramenta usted su cargo. Que doctorazo cuando me consigue una subprefectura. Te voy a dar la dirección de licencias especiales, para que chequees burdeles, contestaba riéndose, pero quién sabe si con la duda adentro.
—Hasta que de pronto, como a los tres o cuatro meses, el Chato desaparece de circulación. Habrá viajado decíamos. Debe estar organizando sindicatos, huelgas, asonadas.
—Aquí ya tenemosque reconstruir entre todos, porque es como un rompecabezas. A mí me contaron que su primo le ofreció un contrato pero que él no aceptó porque más bien quería ser un asimilado con galones y todo.
—Otros dicen que de frente pasó a trabajar con Noriega y luego se peleó con él cuando quiso dar su golpe.
—Qué, ¿también don Zenón quiso dar su golpe? No sabía.
—Otros, que Odría lo botó feo cuando...
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