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Las muertes de Roland Barthes Jacques Derrida Aparecido en Poétique nº 47, 1981. Traducción de Raymundo Mier, en DERRIDA, J., Las muertes de Roland Barthes, Taurus, México, D. F., agosto de 1999. Edición digital de Derrida en castellano. ¿Cómo hacer concordar este plural? ¿Con qué? Esta pregunta se escucha también como la música. Con una docilidad confiada, el plural parece mantenerse aun enmedio de ese abandono que advierto en él: un orden después del comienzo, con una frase inaudible, como un silencio interrumpido. Sigue un orden, sí; incluso obedece, se somete a lo dictado. Se pregunta. Y yo, cuando me someto a prescribir un plural para esas muertes he debido doblegarme ante la ley del nombre. No hay objeción que permita resistirse, ni el pudor después del momento de una decisiónintratable y puntual, el tiempo casi nulo del disparador: habrá sido de esa manera, únicamente, de una vez por todas. Y, sin embargo, apenas puedo soportar la mera aparición de un título en este lugar. Hubiera bastado el nombre propio. Solo y por sí mismo también dice la muerte, todas las muertes en una. Es así incluso cuando su portador está aún vivo. Mientras tantos códigos y ritos buscandespojarnos de este privilegio terrorífico: el nombre propio por sí mismo declara enérgicamente la desaparición de lo único, quiero decir, la singularidad de una muerte incalificable (esta última palabra, “incalificable”, resuena ahora como una cita de Roland Barthes que habré de releer más tarde). La muerte se inscribe en el nombre mismo para dispersarse de inmediato. Para insinuar una extraña sintaxis -enel nombre de uno solo, responder a muchos. *** Aún no sé por qué me es preciso dejar como fragmentos estos pensamientos dedicados a Roland Barthes, y poco importa en el fondo qué pudiera hacer esto comprensible, ni por qué me obstino, incluso más que en la fractura, en el inacabamiento. El inacabamiento marcado, la interrupción puntuada pero abierta, carente incluso de la arista autoritaria de unaforismo. Pequeños guijarros surgidos meditativamente, uno cada vez, en el borde de un nombre como la promesa de un retorno. *** Por él, para él, por Roland Barthes: por él, para él despliego estos pensamientos. Eso significa que pienso en él y desde él, no solamente en su obra o refiriéndome a él. Por él, para él. Esto parece decir que quisiera dedicarle estos pensamientos, dárselos,destinárselos. Aunque ya nunca lleguen hasta él. Y éste debe ser mi punto de partida: no pueden acudir a él, llegar hasta él, incluso si hubieran podido hacerlo mientras vivía. ¿Entonces? ¿A dónde llegan? ¿A quién y por qué? ¿Son sólo para él en mí? ¿En ti? ¿En nosotros? No es lo mismo, ocurre tantas veces, y desde el momento en que está en otro, ese otro no es ya el mismo. Quiero decir el mismo que es él. Y,no obstante, él, Barthes, ha dejado de ser. Atenerse a esa evidencia, a su claridad incontestable, volver a ella como a lo más simple y sólo a esto: que incluso retirándose a lo imposible algo ofrece aún y permite pensar. ***

1

Más luz que deje algo qué pensar, qué desear. Saber, o más bien aceptar lo que da a desear, amarlo desde una fuente invisible de claridad. ¿De dónde venía lasingular claridad de Barthes? ¿De dónde le venía? Porque también debió recibirla. Sin simplificar nada, sin violentar los pliegues ni las reservas, esa claridad emanaba siempre de cierto punto que no era sólo uno, que se mantendrá invisible a su manera, ilocalizable para mí -esa claridad de la cual quisiera, si no hablar, por lo menos dar una idea, y hablar también de lo que de ella he preservado paramí. *** ¿Mantenerlo vivo y en sí es el mejor movimiento de la fidelidad? Con el incierto sentimiento de entrar en la carne viva acabo de leer dos de sus libros que nunca antes había leído. Me retiré a esa isla para creer que nada se había detenido todavía. Y lo creí tan bien, y cada libro me decía lo que había que pensar de tal creencia. Esos libros son el primero y el último, cuya lectura había...
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