Fafhrd y el ratonero gris espadas contra la magia

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ESPADAS CONTRA LA MAGIA

Fafhrd y el Ratonero Gris/4

Fritz Leiber

Título original: Swords against wizardry Traducción: Jordi Fibla © 1968 by Fritz Leiber © 1989 Ediciones Martínez Roca Gran vía 774 - Barcelona ISBN: 84-270-0959-3 Edición digital de Umbriel R6 10/02

1 - En la tienda de la bruja La bruja se inclinó sobre el brasero, cuyo humo gris se entrelazaba en su ascensión con lashebras de la enmarañada cabellera negra. La luz de las brasas reveló el rostro moreno, de facciones irregulares y sucio como las raíces de un manzano negro recién arrancado. Medio siglo de calor y humo de brasero lo habían curtido, y era tan negro, arrugado y correoso como el tocino mingol. A través de las anchas fosas nasales y la boca entreabierta, con la mandíbula caída, en la que se veíanunos pocos dientes parduscos, como viejos tocones de árboles que vallaban irregularmente el campo grisáceo de su lengua, la vieja inhalaba gargarizando y expelía con un borboteo aquella humareda. El humo que escapaba a sus pulmones ávidos se dirigía tortuosamente al combado techo de la tienda, que descansaba en siete nervaduras curvadas hacia abajo desde el poste central, y depositaba sobre el viejocuero sin curtir su pequeña limosna de resina y hollín. Dicen que el cuero de esas tiendas, si se hierve tras décadas, o mejor aún, siglos de uso, produce un líquido nauseabundo que proporciona a quien lo toma extrañas y peligrosas visiones. Desde el lugar donde se levantaba la tienda irradiaban los oscuros y retorcidos callejones de Illik-Ving, una ciudad que había crecido demasiado y era ruda yruidosa, la octava y más pequeña metrópolis de la Tierra de las Ocho Ciudades. Soplaba un viento helado, y en el cielo brillaban las extrañas estrellas del mundo de Nehwon, que es tan parecido y tan distinto al nuestro. Dentro de la tienda, dos hombres con atuendo bárbaro contemplaban a la vieja encorvada sobre el brasero. El más corpulento, rubio con destellos rojizos, miraba atentamente y conexpresión sombría. El de menor estatura, totalmente vestido de gris, entrecerró los ojos, ahogó un bostezo y frunció la nariz. —No sé qué apesta más, si ella o el brasero —murmuró—. O quizá es toda la tienda, o esta inmundicia sobre la que nos sentamos. O a lo mejor vive con una mofeta. Mira, Fafhrd, si era preciso consultar a alguien con dotes mágicas, deberíamos haber buscado a Sheelba o Ningaubleantes de haber zarpado de Lankhmar para cruzar hacia el norte el mar Interior. —No estaban disponibles —respondió el hombre robusto en un susurro entrecortado—. Chitón, Ratonero Gris, creo que está entrando en trance. —Querrás decir que se está durmiendo —replicó jocosamente su compañero. La respiración gargarizante de la bruja empezó a parecer un estertor agónico. Movió ligeramente los párpados,mostrando dos líneas blancas. El viento agitó las oscuras paredes de la tienda..., o tal vez lo hacían invisibles presencias que se revolvían en la penumbra. El hombrecillo no estaba impresionado. —No veo por qué tenemos que consultar con nadie —comentó—. No vamos a abandonar Nehwon, como hicimos en nuestra última aventura. Tenemos los papeles..., quiero decir el trozo de pergamino... y sabemosadónde vamos, o al menos tú afirmas saberlo. —¡Chitón! —repitió el hombre corpulento. Y añadió en tono áspero—: Antes de que uno se embarque en cualquier empresa importante, es costumbre consultar con un mago o una bruja. El hombrecillo, ahora también susurrante, replicó: —En ese caso, ¿por qué no hemos consultado con alguien civilizado? Cualquier miembro del Gremio de Brujos de Lankhmar con buenareputación, quien, por lo menos, habría tenido a su lado una o dos muchachas desnudas con las que solazar los ojos

cuando empezaran a lagrimear por fijarlos tanto en los enmarañados jeroglíficos y horóscopos. —Una buena bruja vulgar es más honesta que esos pícaros de la ciudad disfrazados con una túnica llena de estrellas y un cono negro en la cabeza —arguyó el hombretón—. Además, ésta se...
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