Fines y medios en la economia politica

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FINES Y MEDIOS
Una de las críticas más repetidas a la política en la cultura popular es que el fin no debería justificar los medios. Tenemos que agradecérselo a Maquiavelo, porque la popularidad de lo que escribió, habiendo llegado a tantos ciudadanos, lo ha convertido más en un delator que en un asesor de políticos. Sin embargo, cuando se critica que el fin justifique los medios, no suelerecordarse algo todavía peor, que resulta de emplear medios injustificables y que, en la política real, ocurre de manera igualmente sistemática: que los medios empleados terminan corrompiendo los fines hasta devorarlos por completo.

Para entender por qué ocurre esto necesitamos pensar primero sobre los medios y fines de la política desde un punto de vista ideal. En términos generales podríamossostener, a este respecto, que el fin último del que participa en política debería ser la búsqueda de aquello que considera bueno y justo para la sociedad en la que vive. Pero, ¿cuál es el medio para definir lo bueno y lo justo? Salvo que nos creamos Dios, o iluminados por la palabra de Dios (algo que suele tener resultados parecidos), y si aceptamos, en consecuencia, que somos tan humanos y capaces deequivocarnos como el resto de los mortales que nos rodean, tendremos que aceptar también que necesitamos algún medio para comprobar si nuestros fines son, efectivamente, tan buenos y justos como suponemos. Nunca tendremos seguridad plena, pero es más probable que nos acerquemos a este ideal si pensamos racionalmente. Y el medio principal para conseguirlo consiste en deliberar con otros sereshumanos, que son seres potencialmente racionales como nosotros, movidos por la actitud científica o filosófica de averiguar si lo que pensamos les parece correcto y estando dispuestos, en consonancia con esta actitud, a revisar lo que pensamos si consiguen demostrarnos que estamos equivocados. Idealmente, entonces, el medio para acercarnos hacia fines buenos y justos es deliberar movidos por unaactitud racional. Como estamos hablando de política, podemos añadir que se trata de la actitud más democrática: a menos que tengamos ánimo de dictadores, debería importarnos qué es lo que piensan aquellos con quienes convivimos sobre lo que es bueno y justo para una sociedad de la que forman parte tanto como nosotros.

Si no nos preocupamos por definir los fines de nuestra acción política deliberandoracionalmente con otros seres humanos, lo más probable es que los fines que persigamos no sean ni tan buenos ni tan justos y acaben contaminados por errores, desconocimiento, prejuicios e intereses mezquinos. Esto es preocupante porque vivimos en sociedades en las que no deliberamos racionalmente. En el mejor de los casos, si deliberamos con otros, no lo hacemos con el ánimo racional de buscaradónde está la razón: creemos tenerla de antemano y buscamos imponerla. Considerando que exhibimos este hábito irracional cada vez que discutimos algo como ciudadanos o en nuestra vida privada, ¿qué podemos esperar de la política, donde danzan intereses que no se andan con chiquitas y donde deliberan personas todavía más egocéntricas, ambiciosas y manipuladoras que nosotros? El resultado lo tenemos ala vista cada vez que ponemos la televisión y nos encontramos a políticos que argumentan torciendo las evidencias, quebrando las reglas de la lógica, apelando a las pasiones más ruines y escuchando al otro sólo para encontrar el momento de interrumpirlo. Discutiendo con una actitud tan racional resulta imposible que puedan enriquecer su concepción de lo que consideran bueno y justo para lasociedad en la que viven, y ni hablar de llegar a un acuerdo: lo previsible es que terminen con el otro más molestos de lo que ya estaban antes de debatir. Para peor, si ya tienen suficientes votos y no necesitan convencer a nadie más, ni siquiera se toman el riesgo de debatir: hacen su voluntad y punto.

En esta crítica ya podemos advertir cuáles son los medios de la política real: si lo que nos...
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