Flores en el atico

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V.C.ANDREWS

FLORES EN EL ÁTICO

V.C. ANDREWS
FLORES EN EL ÁTICO
Libro I – Saga Dollanganger

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V.C.ANDREWS

FLORES EN EL ÁTICO

PRIMERA PARTE
¿Acaso dice la arcilla a su alfarero: Qué haces?
ISAÍAS, 45-9

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V.C.ANDREWS

FLORES EN EL ÁTICO

PRÓLOGO
Es muy propio el atribuir a la esperanza el color amarillo, como el sol que raras veces veíamos. Y al ponerme a copiardel viejo Diario que escribí durante tanto tiempo para estimular la memoria, me viene a la mente un título, como fruto de la inspiración: Abre la ventana y ponte al sol. Y, sin embargo, dudo en asignárselo a mi historia, porque pienso que somos algo más que flores en el ático. Flores de papel. Nacidos con tan vivos colores, ajándonos, cada vez más desvaídos, a lo largo de todos esos díasinterminables, penosos, sombríos, de pesadilla, cuando nos tenía presos la esperanza, y cautivos la codicia. Pero nunca pudimos teñir de color amarillo ni siquiera una sola de nuestras flores de papel. Charles Dickens solía empezar con frecuencia sus novelas con el nacimiento del protagonista, y, como era uno de mis escritores favoritos, y también de Chris, yo solía imitar su estilo lo máximo posible, en lamedida de mis fuerzas. Pero Dickens fue un genio, nacido para escribir sin dificultad, mientras que yo, cada palabra que escribo, la escribo con lágrimas, con mala sangre, con amarga bilis, bien mezclado todo ello con vergüenza y culpabilidad. Pensaba que hubiese sido mejor no sentir nunca vergüenza o culpabilidad, que esos sentimientos eran pesos que otros debían soportar. Han pasado los años yahora soy más vieja y más prudente, y estoy mejor dispuesta también a aceptar lo que me depare el futuro. La tempestad de ira que una vez estalló en mi interior ha ido cediendo, de manera que ahora ya puedo escribir, espero, con veracidad y con menos odio y prejuicio de lo que habría sido posible hace unos años. De manera que, como Charles Dickens, en esta obra de «imaginación» me ocultaré a mímisma detrás de un nombre supuesto, y viviré en lugares falsos, y pediré a Dios que los que deberían haberse sentido fulminados cuando leyeron lo que tengo que decir, apenas se sientan heridos, y, ciertamente, Dios, en su infinita misericordia, hará que algún editor comprensivo imprima mis palabras, haciendo con ellas un libro, y me ayude a contar toda la terrible verdad.

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ADIÓS, PAPÁ
Cuando era joven, al principio de los años cincuenta, creía que la vida entera iba a ser como un largo y esplendoroso día de verano. Después de todo, así fue como empezó. No puedo decir mucho sobre nuestra primera infancia, excepto que fue muy agradable, cosa por la cual debiera sentirme eternamente agradecida. No éramos ricos, pero tampoco pobres. Si nos faltóalguna cosa, no se me ocurre qué pudo haber sido; si teníamos lujos, tampoco podría decir cuáles fueron sin comparar nuestra vida con la de los demás, y en nuestro barrio de clase media nadie tenía ni más ni menos que nosotros. Es decir que, comparando unas cosas con otras, nuestra vida era la de unos niños corrientes, de tipo medio. Nuestro padre se encargaba de las relaciones públicas de una granempresa que fabricaba computadoras, con sede en Gladstone, estado de Pennsylvania, con una población de doce mil seiscientos dos habitantes. Nuestro padre tenía mucho éxito en su trabajo, porque su jefe venía con frecuencia a comer a casa y alababa mucho el trabajo que papá parecía realizar tan bien. «Es ese rostro tuyo, tan norteamericano, sano, abrumadoramente guapo, y esos modales tan llenos deencanto lo que conquista a la gente. Santo cielo, Chris, ¿qué persona normal podría resistirse a un hombre como tú?» Y yo le daba la razón, con todo entusiasmo. Nuestro padre era perfecto. Medía un metro noventa de estatura, pesaba ochenta y dos kilos, y su pelo era espeso y de un rubio intenso, y justamente lo bastante ondulado para resultar muy atractivo; sus ojos eran azul cielo y estaban...
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