Fracmento

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(fragmento), de José Luis Mejía
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Pensándolo bien, no puedo decir que Claudia no existiera con anterioridad, eso sería inexacto, pero aún, esa sería una mentira descarada, y no por escribir su historia voy a estar inventándome cosas. Ella estaba allí, ella siempre estuvo allí, entre nosotros, sucede que siempre se empeñó en no ser de nosotros, en ser "la extraña", papel que, de algunamanera, le gustaba. Ella era un poco como yo, un poco paria, un poco ajena, un poco nadie, pero existía, era imposible que no supiéramos quién era la mejor en matemáticas o quién participaba en las asambleas por el día de la madre o por el día del colegio, bailando o tocando piano, y lo hacía tan bien que todos, hasta Sandra y Cecilia, la aplaudíamos sinceramente. Muchos años después, cuando leíuna frase de Lord Byron que dice "estoy entre ellos pero no soy de ellos", entendí un poco mejor todo lo que Claudia era y todo lo que quería ser entonces.

Los chicos del grupo se hallaban, entonces, preocupados por otras chicas más llamativas que se entendían muy bien con sus propios intereses. Carlos y Castorcito, por ejemplo, vivían enamorados de la pelota de fútbol y de sus propiashabilidades en la cancha, y sólo tenían ojos para Ale.

Alexandra era de una belleza rudimentaria y salvaje que no se parecía en nada a la maquillada hermosura de las películas, no era suave ni delicada, era dura, firme y fuerte, jugaba a la pelota con una ferocidad que superaba largamente a las otras chicas y era tan buena en la cancha y tan resistente, que se entrenaba con los hombres.

Se las veíacon ellos de igual a igual y se empujaba con ellos y pateaba y recibía golpes como si fuera "un pata más", uno más del equipo y era, sin duda, más resistente, más rápida y más efectiva metiendo goles en el arco contrario, que la mayoría de los chicos.

Nunca la vimos llorar aunque recibió más de un golpe artero de los acomplejados que la envidiaban porque era mejor que ellos. Por su parte, Alonsoandaba enamorado de Fernanda y parecía que era correspondido. Para todos nosotros era evidente que se gustaban, aunque ninguno se atrevía a dar un paso adelante. La rubia era un dibujo, una obra de arte, una fotografía de esas que uno ve en los avisos publicitarios y piensa "esa chica no es de verdad".

Era tan hermosa que Nicolás, que poseía las habilidades de un galán de barrio, le dijo algunavez: "Fernandita, sí que tus papis pusieron empeño en hacerte, porque saliste lindísima" y Fernanda se reía con esa sonrisa perfecta de propaganda de pasta de dientes que se lucía impecable en ese rostro de muñeca enmarcado por los cabellos más finos, más largos, más rubios y más brillantes que jamás vi. Nicolás, como era previsible, tenía toda su atención puesta en Sandra y Cecilia. Su fama eragrande y se decía que no había chica que se resistiera a sus encantos, bailaba muy bien y siempre tenía una colección de frases hechas y de poemitas romanticones que utilizaba adecuadamente en todas las ocasiones en que le eran precisos (mucho después, cuando se descubrió que yo escribía poesía —contra mi voluntad y a pesar mío— fue el más entusiasta de mis lectores, a cada rato me decía "oye,Bebé, tomé prestado ése que empieza: amor, amor de instante, no hay problema, ¿no?, ¡te cuento que me fue genial!").

Así que por aquellos tiempos sus intereses iban más por Sandra, cuyos escotes y minifaldas eran uno de sus temas favoritos, y por Cecilia, cuyas formas, generosas y apretadas, y cuyas historias, tan variopintas, tan apasionantes, tan enredadas como las suyas, despertaban sucuriosidad, su atención, su interés y sus ganas. Sin embargo, la especialidad de Nicolás eran "las chiquillas", las menores, las que acababan de ingresar a Secundaria y se dejaban sorprender por las habilidades de este don Juan adolescente.

Sus fiestas preferidas eran "los quince". En los "quinceañeros", Nicolás hacía de las suyas, buscaba una presa, escogía una chica entre tantas, la miraba,...
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