Gabriel garcía márquez doce cuentos peregrinos

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  • Publicado : 30 de agosto de 2010
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GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
DOCE CUENTOS PEREGRINOS

PRÓLOGO

PORQUÉ DOCE,
PORQUÉ CUENTOS
Y PORQUÉ PEREGRINOS

Los doce cuentos de este libro fueron escritos en el curso de los últimos dieciocho años. Antes de su forma actual, cinco de ellos fueron notas periodísti­cas y guiones de cine, y uno fue un serial de tele­visión. Otro lo conté hace quince años en una en­trevista grabada, y el amigoa quien se lo conté lo transcribió y lo publicó, y ahora lo he vuelto a es­cribir a partir de esa versión. Ha sido una rara ex­periencia creativa que merece ser explicada, aunque sea para que los niños que quieren ser escritores cuando sean grandes sepan desde ahora qué insacia­ble y abrasivo es el vicio de escribir.
La primera idea se me ocurrió a principios de la década de los setenta, apropósito de un sueño esclarecedor que tuve después de cinco años de vivir en Barcelona. Soñé que asistía a mi propio entierro, a pie, caminando entre un grupo de amigos vestidos de luto solemne, pero con un ánimo de fiesta. Todos parecíamos dichosos de estar juntos. Y yo más que nadie, por aquella grata oportunidad que me daba la muerte para estar con mis amigos de América Latina, los más antiguos, losmás queridos, los que no veía desde hacía más tiempo. Al final de la cere­monia, cuando empezaron a irse, yo intenté acompañarlos, pero uno de ellos me hizo ver con una severidad terminante que para mí se había acabado la fiesta. «Eres el único que no puede irse», me dijo. Sólo entonces comprendí que morir es no estar nun­ca más con los amigos.
No sé por qué, aquel sueño ejemplar lo inter­pretécomo una toma de conciencia de mi identidad, y pensé que era un buen punto de partida para es­cribir sobre las cosas extrañas que les suceden a los latinoamericanos en Europa. Fue un hallazgo alen­tador, pues había terminado poco antes El Otoño del Patriarca, que fue mi trabajo más arduo y aza­roso, y no encontraba por dónde seguir.
Durante unos dos años tomé notas de los temas que se me ibanocurriendo sin decidir todavía qué hacer con ellos. Como no tenía en casa una libreta de apuntes la noche en que resolví empezar, mis hijos me prestaron un cuaderno de escuela. Ellos mismos lo llevaban en sus morrales de libros en nues­tros viajes frecuentes por temor de que se perdiera. Llegué a tener sesenta y cuatro temas anotados con tantos pormenores, que sólo me faltaba escribirlos.
Fue enMéxico, a mi regreso de Barcelona, en 1974, donde se me hizo claro que este libro no debía ser una novela, como me pareció al principio, sino una colección de cuentos cortos, basados en hechos periodísticos pero redimidos de su condición mortal por las astucias de la poesía. Hasta entonces había escrito tres libros de cuentos. Sin embargo, ninguno de los tres estaba concebido y resuelto como un todo,sino que cada cuento era una pieza autónoma y ocasional. De modo que la escritura de los sesenta y cuatro podía ser una aventura fascinante si lograba escribirlos todos con un mismo trazo, y con una unidad interna de tono y de estilo que los hiciera inseparables en la memoria del lector.
Los dos primeros —El rastro de tu sangre en la nieve y El verano feliz de la señora Forbes— los escribí en1976, y los publiqué enseguida en suple­mentos literarios de varios países. No me tomé ni un día de reposo, pero a mitad del tercer cuento, que era por cierto el de mis funerales, sentí que es­taba cansándome más que si fuera una novela. Lo mismo me ocurrió con el cuarto. Tanto, que no tuve aliento para terminarlos. Ahora sé por qué: el es­fuerzo de escribir un cuento corto es tan intenso como empezaruna novela. Pues en el primer párra­fo de una novela hay que definir todo: estructura, tono, estilo, ritmo, longitud, y a veces hasta el ca­rácter de algún personaje. Lo demás es el placer de escribir, el más íntimo y solitario que pueda imagi­narse, y si uno no se queda corrigiendo el libro por el resto de la vida es porque el mismo rigor de fierro que hace falta para empezarlo se impone...
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