Gallinazos sin plumas

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  • Publicado : 19 de septiembre de 2010
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LOS GALLINAZOS SIN PLUMAS
Julio Ramon Ribeyro

A las seis de la mañana, hora celeste y mágica, la cuidad se levantaba de puntillas y comenzaba a dar sus primeros pasos. Una fina niebla disolvía el perfil de los objetos y creaba como una atmósfera encartada. Las personas que recorrían la cuidad a esa hora, diríase que estaban hechas de otras sustancias, que pertenecían a otro orden decosas. La beatas se arrastraban penosamente hasta desaparecer en los pórticos de las iglesias.
Los noctámbulos, de vueltos por la noche, regresaban a sus refugios envueltos con sus bufandas y en su melancolía. Los basureros iniciaban por la avenida su paseo siniestro, armados de escobas y de carretas. A esta hora se veían también obreros bostezando, policías dormidos contra los árboles,canillitas transidos de frio, sirvientas sacando los cubos de basura. A esa hora, por ultimo, como una especie de misteriosa consigna, aparecían los gallinazos sin plumas.
A esa hora el viejo Don Santos se ponía la pierna de palo y sentándose en el colchón comenzaba a berrear.
- ¡Efraín, Enrique! ¡A levantarse! ¡Ya es hora!
Los dos muchachos corrían a la acequia de corralón frotándose los ojoslegañosos. Con la tranquilidad de la noche, el agua se había remansado y en su fondo transparente veían crecer las yerbas y deslizarse pequeñas guanchas. Luego de enjuagarse la cara, cogía cada uno su lata y se lanzaban a la calle. Don Santos, mientras tanto, se aproximaba al chiquero con una larga vara golpeaba el lomo a su cerdo que se revolcaba en los desperdicios.
-¡Todavía te falta un poco,cochino! –decía-. Pero espérate no mas que ya llega tu turno.
Efraín y Enrique se demoraban en el camino, trepándose a los árboles para arrancar moras, o recogiendo piedras de aquellas filudas que cortan el aire e hieren por la espalda. Siendo aun la hora celeste llegaban a su dominio, una larga calle ornada de casas elegantes que desembocan en el malecón.
Ellos no eran los únicos. En otros corrales,en otros suburbios alguien había dado la voz de alarma y muchos se habían levantado. Unos portaban latas, otros cajas de cartón; a veces era suficiente un simple periódico. Sin conocerse formaban una especie de organización clandestina que tenia repartida la cuidad. Solamente los perros, a veces no respetaban los derechos ajenos.
Efraín y Enrique, después de un breve descanso, empezaban sutrabajo. Cada uno escogía una acera de la calle. Los cubos de basura estaban alineados delante de las puertas. Había de vaciarlos íntegramente y luego comenzaron la exploración. Un cubo de basura era siempre una caja de sorpresas. Se encontraban latas de sardinas, zapatos viejos, pedazos de pan, pericotes, muertos, algodones inmundos. A ellos solo les interesaban, sin embargo, los restos de comida. Enel fondo del chiquero, Pascual recibía cualquier cosa y tenia predilección por las verduras ligeramente descompuestas. La pequeña lata de cada uno se iba llenando de tomates podridos, pedazos de sebo, extrañas salsas que no figuraban en ningún manual de cocina. No era raro, sin embargo , hacer un hallazgo valioso. Un día Efraín encontró unos tirantes con que fabrico una honda, otra vez una peracasi buena que devoró en el acto, Enrique en cambio, tenia suerte para la cajita de remedios, los pomos brillantes, las escobillas de dientes usadas y otra cosas semejantes que coleccionaba con avidez.
Después de una rigurosa selección regresaban la basura al cubo y se lanzaban sobre el próximo no convenía demorarse mucho porque el enemigo estaba al acecho. A veces eran sorprendidos por lassirvientas y ellos tenían que huir. Los mas grave, sin embargo, era la aparición de la Baja Policía esto les significaba la perdida de la jornada. El camión pasaba lentamente, pero los basureros se derramaban por la calle gritando, cargando los cubos, vaciándolos en los depósitos, arrojándolos con estrépitos en las veredas.
Efraín y Enrique corrían delante del carro tratando de anticiparse a sus...
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