Grietas del imperio

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  • Publicado : 7 de septiembre de 2010
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GRIETAS EN EL CORAZON DEL IMPERIO Eduardo Galeano El poder come miedo. Sin los demonios que crea, perdería sus fuentes de justificación, impunidad y fortuna. Sus satanes -Bin Laden, el apresado Sadam o los próximos que aparezcan- trabajan, en realidad, como gallinas de los huevos de oro: ponen miedo. ¿Qué conviene enviarles? ¿Verdugos que los ejecuten o médicos que los cuiden? El miedo distrae ydesvía la atención. Si no fuera por los servicios que presta, lo evidente quedaría en evidencia: en realidad, el poder se mira al espejo y nos asusta contando lo que vio. «Peligro, peligro», grita el peligroso. El patriotismo es un privilegio de los que mandan. Cuando lo ejercen los mandados, ¿se reduce a mero terrorismo? ¿Son terroristas y nada más que eso, pongamos por caso, los actos dedesesperación suicida de los palestinos desalojados de su país y los ataques de la resistencia nacional contra las fuerzas extranjeras que ocupan Irak? El mundo patas arriba nombra al revés. El poder, enmascarado, niega el sentido común. Si así no fuera, ¿podría caber alguna sombra de duda de que el actual Gobierno de Israel practica el terrorismo, el terrorismo de Estado, y difunde la locura? A medidaque ese Gobierno devora más y más tierras e inflige más humillaciones al pueblo palestino, más respuestas criminales genera. Y esos atentados, que matan inocentes, le sirven de pretexto para matar muchos más inocentes y para cometer cuantas atrocidades se le ocurran. Si algún resto de sentido común quedara en el mundo, resultaría increíble que Ariel Sharon pueda hacer lo que está haciendo conabsoluta impunidad, como si fuera la cosa más normal: invade y acribilla territorios ajenos; alza un muro que deja chico al de Berlín, de triste memoria, para blindar lo que usurpa; anuncia públicamente que asesinará a Yasir Arafat, un jefe de Estado democráticamente elegido por su pueblo; y bombardea Siria, a sabiendas de que Estados Unidos vetará, como de costumbre, cualquier resolución condenatoriadel Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Ocurre que en este mundo los países y las personas se cotizan en la Bolsa, y su valor depende de la geografía del poder. ¿Cuántos inocentes volaron en pedazos, sin comerlo ni beberlo, en la última Guerra de Irak? Los vencedores no han tenido tiempo para contar a sus víctimas, civiles que existían y ya no existen, porque han estado ocupados buscandolas armas de destrucción masiva que no existían ni existen. No hay, pues, cifras oficiales. Los cálculos oficiosos más serios han contado, sin embargo, no menos de 7.700 muertos civiles, muchos de ellos niños, mujeres y viejos. ¿Cuánto valen esas vidas? En proporción a la población, la cantidad de iraquíes destripados equivale a 94.000 estadounidenses. ¿Qué hubiera pasado si el país invasorhubiera sido el país invadido? Las víctimas norteamericanas de semejante carnicería seguirían siendo el tema perpetuo de los medios de comunicación masiva. Las víctimas iraquíes no merecen, en cambio, nada más que silencio. De sobra se sabe que el robo fue el único móvil de esta matanza, cometida con premeditación y alevosía. Pero los asesinos en serie siguen diciendo que hicieron lo que hicieron endefensa propia, y no están presos ni arrepentidos. El crimen paga: desde las cumbres del poder, ellos amenazan al mundo con nuevas hazañas, mintiendo peligros, inventando enemigos, sembrando el pánico. El presidente estadounidense, George W. Bush adora citar el Apocalipsis, pero más práctico sería que citara los noticieros, que son más actuales y dicen más o menos lo mismo. Aquel espeluznante textobíblico, una profecía contada en tiempo pasado, era más bien exagerado y se equivocaba en las cifras, pero hay que reconocer que las noticias del mundo de hoy se le parecen bastante. Decía el Apocalipsis: «Junto al gran río Eufrates (...) fue exterminada la tercera parte de los hombres por el fuego, el humo y el azufre». Y también decía: «La tercera parte de la tierra quedó abrasada, la tercera...
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