Guarapo

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“GUARAPO”

UNA LECCIÓN DEL DERECHO DEL TRABAJO


Para quienes hemos pasado la mayor parte de nuestra vida sin un titulo profesional, es grave problema el servir una cátedra. Se cree, con o sin razón, que un maestro no es precisamente un ser humano, sino un libro que tiene el mágico don de hablar y que así comunica su conocimiento a los demás.

Tal ha sido mi caso, desde cuando, alobtener el título de abogado, se me encomendó la cátedra de Derecho del Trabajo en la Universidad de Guadalajara. Por haber intervenido en la oposición reyista y maderista y por las caricaturas que dibujé para “El Perico”, órgano periodístico del Reyismo, así como por mi intervención en los movimientos estudiantiles que culminaron con la pedriza a los corralistas, fui expulsado del Liceo de Varones,junto con otros muchos estudiantes. Cuando pude reanudar mis estudios, tenía ya 36 años, y a los 40 me recibí en la Universidad que me tocó en gran suerte fundar. En tales condiciones, me veo carente de aquella virtud anotada ya, de ser un libro que habla; y me siento de continuo dominado por conceptos realistas que me alejan de las abstracciones magisteriales.

Es por ello que, cuando inicio elaño escolar en mi cátedra, llamo siempre en mi auxilio al espíritu de Francisco Rojas González, aquel gran amigo, tan humano e inteligente, cuya obra literaria arranca también de la más absoluta realidad. Su espíritu se presentó de nuevo este año, en mi clase, cuando Gustavo Naranjo, el alumno a quien di el libro, leyó el título del cuento: “Guarapo”.

Naranjo es orador, fogoso, de rápidopensamiento. Levanta la mirada, como interrogándome: ¿De qué se trata…?
- Guarapo, le digo yo, es el caldo ardiente que sale de los trapiches producido al exprimir las cañas de azúcar…
Pero la mirada de los alumnos era ahora la que se me clavaba para interrogarme, y que también sin hablar, me decían:
- ¿Y qué tienen qué ver el guarapo, ni ese señor Rojas González, en este salóndonde venimos a estudiar el Derecho del Trabajo…? – Y yo, en tono de buenos amigos, les contesté: - Escuchen ustedes a Naranjo.
Y Rojas González, por boca de Naranjo, nos dijo:


- ¿Ves? Primero es Guarapo… después, cachaza, luego melado, después melcocha, por último piloncillo.
La voz de mi padre se oía entre el bujar de los émbolos.
Me llevaba de la manorecorriendo los departamentos del trapiche. Su voz era insinuante. Se notaba a leguas su afán de enseñarme.
- Aquéllos son los moldes. Allí están los peroles… Esos hombres desnudos son los batidores. Tienen la piel curtida, la cachaza briviento no les levanta ampollas.


Y pasaban corriendo cerca de nosotros muchos hombres encuerados basta medio cuerpo. Los calzoncillos de manta delgada seenrollaban hasta muy cerca de las ingles. Sus plantas desnudas, sudorosas, se estampaban sobre el piso negruzco.


- Allá está el molino
Fuimos hasta allá.
- Esta es la caldera. Sigamos la banda para que conozcas la muela. Te va a interesar.
Y seguimos la banda.
Mi padre hablaba; pero el ruido del molino opacó su voz. En adelante no pude escuchar lo quedijo.
Llegamos a la muela.
Medrosamente me apreté a sus piernas. Dos enormes cilindros giraban uno sobre el otro. Diez obreros con sus vientres protegidos por mandiles de cuero, alimentaban la gran máquina. Gruesos tercios de caña morada desaparecían entre los dos cilindros, produciendo ruidos que daban calofrío. Parecían quejidos humanos.


Mi padre gesticulaba comoqueriendo comunicarme algo interesante. Yo entendí: quería que fijara mi atención en aquella enorme muela, en aquélla máquina gigante a la que no sé qué de trágico le encontré desde el momento en que la vi. Hice con la cabeza un signo de asentimiento. Mi padre se tranquilizó


Dimos una vuelta alrededor del estridente aparato.
Por un lado salía el bagazo completamente...
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