Guenon y el satanismo

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LA CUESTIÓN DEL SATANISMO René Guénon

Cap. X de L'ERREUR SPIRITE
Ha llegado a ser algo usual el que no se pueda hablar del diablo sin provocar, en todos aquellos que se jactan de ser más o menos "modernos", es decir, en la inmensa mayoría de nuestros contemporáneos, sonrisas desdeñosas o "encogimientos de hombros" todavía más altivos; y hay personas que, teniendo ciertas conviccionesreligiosas, no son de las últimas en adoptar una actitud semejante, quizá por simple temor a pasar por "retrógados", quizá también de una manera más sincera. Éstas, en efecto, están obligadas a admitir en principio la existencia del demonio, pero experimentarían un cierto embarazo el tener que constatar su acción efectiva; ello perturba demasiado el estrecho círculo de ideas preconcebidas en el cualestán acostumbradas a moverse. Es un ejemplo de ese "positivismo práctico" del cual ya hemos hablado: las concepciones religiosas son una cosa, la "vida ordinaria" otra muy distinta, y, entre ambas, se tiene mucho cuidado en establecer una barrera tan estanca como sea posible; tanto da decir que se comportan de hecho como un verdadero no creyente, al menos en la lógica; pero, ¿qué otro medio hay paraactuar de otro modo, en una sociedad tan "clara" y tan "tolerante" como la nuestra, sin hacerse tratar como mínimo de "alucinado"? Sin duda, una cierta prudencia es siempre necesaria, pero prudencia no quiere decir negación "a priori" y sin discernimiento; sin embargo, se puede decir, en descarga de ciertos medios católicos, que el recuerdo de algunas mixtificaciones demasiado famosas, como las deLéo Taxil, no es extraño a esta negación: se va de un exceso a otro contrario; si bien es una treta del diablo el hacerse negar, es necesario convenir en que a veces no lo logra. Si abordamos esta cuestión del satanismo no sin alguna repugnancia no es por razones del género de aquellas que acabamos de indicar, pues un ridículo de esta clase, si es tal, nos afecta muy poco, y tenemos una posiciónmuy clara con respecto al mundo moderno bajo todas sus formas como para no tener que usar de ciertas precauciones; pero apenas puede tratarse este tema sin tener que remover ciertas cosas que estarían mejor en la oscuridad. No obstante, es preciso resignarse a hacerlo en cierta medida, pues un silencio total a este respecto correría el riesgo de ser muy mal comprendido.
No pensamos que lossatanistas conscientes, es decir, los verdaderos adoradores del diablo, hayan sido jamás demasiado numerosos; se cita mucho a la secta de los Yézidis, pero se trata de un caso excepcional, y todavía no está demasiado claro que haya sido correctamente interpretada; en cualquier otro lugar no se encuentran apenas más que casos aislados, hechiceros de la más baja estofa, pues no debería creerse que todoslos hechiceros o "magos negros" más o menos caracterizados responden igualmente a esta definición, y muy bien pueden haber, entre ellos, quienes no creen en absoluto en la existencia del diablo. Por otra parte, está también la cuestión de los luciferinos: han existido, ciertamente, y esto aparte de las fábulas fantásticas de Léo Taxil y de su colaborador el Dr. Hacks, y quizá existan aún, en Américao en otros lugares; si han constituido organizaciones, esto podría parecer ir en contra de lo que acabamos de decir; pero esto no significa nada, pues, si esta gente invoca a Lucifer y le rinde culto, es porque no lo consideran como el diablo, pues verdaderamente es a sus ojos el "portador de la luz" (1), e incluso hemos oído decir que hasta llegan a llamarle "la Gran Inteligencia Creadora".Éstos son satanistas de hecho, sin duda, pero, por extraño que pueda parecer a quienes no van al fondo de las cosas, no son más que satanistas inconscientes, ya que se equivocan sobre la naturaleza de la entidad a la cual dirigen su culto; y en cuanto al satanismo inconsciente, que tiene diversos grados, no es algo demasiado raro. A propósito de los luciferinos, debemos señalar un singular error:...
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