Habaneras

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Habaneras

Novela

León Viera

Carlos Dustet Jústiz

1

S

andra sabía que su cuerpo lo subyugaría y así fue: en un instante Pietro se lanzó sobre ella con la avidez de una fiera ante su presa. Besó centímetro a centímetro toda aquella piel que lo enloquecía, se detuvo sobre el pubis acolchado y vibrante y, hundiendo su rostro, comenzó a penetrarla con la lengua, mientras Sandrarespondía con temblores. Pietro aumentó los movimientos y ella, gimiendo como si se le escapara la vida, lo tomó por los brazos, trayéndolo hacia sí. Entonces se mezclaron labios, lenguas, olores y sexos que los llevaron a alcanzar, jadeando, el ansiado clímax.
Lentamente fueron recuperando el ritmo habitual de la respiración y sus latidos cardíacos volvieron a la normalidad. Sandra volteócariñosamente a Pietro, colocándolo de espaldas a ella y le susurró dulcemente:
- ¡Gracias, amor!
Comenzó a aplicarle un masaje sobre hombros, cuello y espalda, que transportó al amante a un estado ideal de relajación y bienestar. Cerró los ojos y una sensación extraña y violenta, un golpe mortal sobre su nuca, seguido por algo que lo desgarró internamente, lo llevó al mundo de losmuertos.

2

Sonia presintió que aquel corrientazo, tan odiado como familiar, estaba al llegar por tercera vez en la tarde y decidió cambiar de posición. Entonces reflexionó en que sólo minutos antes esa postura que ahora pretendía abandonar le había parecido la más apropiada para burlar el sufrimiento que el dolor le causaba.

Colocó sus dos manos, finas como las de una pianista(según Héctor) sobre la mesa de trabajo repleta de files y papeles y apoyándose en ellas cerró los ojos para no “ver” las consecuencias del movimiento. Comenzó a correrse lentamente a la derecha del asiento; un sonido electrónico, insistente y desagradable, le hizo dar un giro violento que desató una descarga intensa de dolor en su columna vertebral. Haciendo un esfuerzo, oprimió un botón quesustituyó al sonido por una voz metálica.

- ¡Teniente Sonia!

- ¡Ordene! – respondió con la respiración cortada por el dolor.

- Preséntese ante el Oficial de Guardia. Tiene un caso.

- ¿De qué se trata?

- Se encontró el cadáver de un turista.

El dolor desapareció de golpe. Se puso de pie, recogió una agenda y se dirigió con pasos rápidos alexterior de la oficina.

La voz metálica del aparato dijo para nadie:

- Indique si copió...

3

S

iempre se consideró un tipo con suerte. En realidad, con muy buena suerte. Aunque no fue el primogénito, sí le tocó ser el primer hijo varón del doctor Santiago Torres y la enfermera Gladys Domínguez, y eso, en la filosofía machista de Santa Clara, como de cualquier otro lugarde la Cuba de los años ‘60, contaba.

A los catorce años ganó un concurso provincial de dibujo y obtuvo una beca para estudiar Artes Plásticas en la Escuela Nacional de Arte. Una gris mañana de septiembre de 1974 llegó a La Habana y su primer encuentro con la capital lo convenció de que aquella sería su ciudad adoptiva. De inmediato lo albergaron junto a otros once estudiantes procedentesdel interior del país, en una de las impresionantes mansiones estilo Bauhaus del otrora exclusivo Residencial Country Club, re-bautizado luego del triunfo revolucionario con el nombre aborigen de Siboney.

A los pocos meses, en uno de los paseos que la relativamente holgada mensualidad paterna le permitía, Santiaguito fue abordado por una mujer de unos treinta años que lo invitó concualquier tonto pretexto a subir a su auto, lo llevó a su casa en Miramar, donde lo sedujo y le bebió de un sorbo la virginidad. De un día para otro, el

adolescente se convirtió en héroe a los ojos de sus compañeritos.

Con el paso del tiempo, la agradable aventura se sistematizó. Heredera de la casa, un Chevrolet ‘57 y una generosa cuenta bancaria cuando toda su familia abandonó el país en...
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