Hamlet

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Escena I (59)
POLONIO, REYNALDO
Sala en casa de Polonio.
POLONIO.- Reynaldo, entrégale este dinero y estas cartas (60).
REYNALDO.- Así lo haré, señor.
POLONIO.- Será un admirable golpe (61) de prudencia, que antes de
verle te informaras de su conducta.
REYNALDO.- En eso mismo estaba yo.
POLONIO.- Sí, es muy buena idea, muy buena. Mira, lo primero has
de averiguar quédinamarqueses hay en París, y cómo, en qué términos,
con quién, y en dónde están, a quién tratan, qué gastos tienen; y
sabiendo por estos rodeos y preguntas indirectas, que conocen a mi hijo,
entonces ve en derechura a tu objeto, encaminando a él en particular tus
indagaciones. Haz como si le conocieras de lejos, diciendo: sí, conozco
a su padre, y a algunos amigos suyos, y aun a él un poco... ¿Lohas
entendido?
REYNALDO.- Sí, señor, muy bien.
POLONIO.- Sí, le conozco un poco; pero... (has de añadir entonces)
pero no le he tratado. Si es el que yo creo a fe que es bien calavera;
inclinado a tal o tal vicio... y luego dirás de él cuanto quieras fingir;
digo, pero que no sean cosas tan fuertes que puedan deshonrarle.
Cuidado con eso. Habla sólo de aquellas travesuras, aquellaslocuras y
extravíos comunes a todos, que ya se reconocen por compañeros
inseparables de la juventud y la libertad.
REYNALDO.- Como el jugar, ¿eh?
POLONIO.- Sí, el jugar, beber, esgrimir, jurar, disputar, putear...
Hasta esto bien puedes alargarte.
REYNALDO.- Y aun con eso hay harto para quitarle el honor.
POLONIO.- No por cierto, además que todo depende del modo con
que le acuses.No debes achacarle delitos escandalosos, ni pintarle
como un joven abandonado enteramente a la disolución; no, no es esa
mi idea. Has de insinuar sus defectos con tal arte que parezcan
nulidades producidas de falta de sujeción y no otra cosa: extravíos de
una imaginación ardiente, ímpetus nacidos de la efervescencia general
de la sangre.
REYNALDO.- Pero, señor...
POLONIO.- ¡Ah! Túquerrás saber con qué fin debes hacer esto,
¿eh?
REYNALDO.- Gustaría de saberlo.
POLONIO.- Pues, señor, mi fin es éste; y creo que es proceder con
mucha cordura. Cargando esas pequeñas faltas sobre mi hijo (como
ligeras manchas de una obra preciosa) ganarás por medio de la
conversación la confianza de aquel a quien pretendas examinar. Si él
está persuadido de que el muchacho tiene losmencionados vicios que tú
le imputas, no dudes que él convenga con tu opinión, diciendo: señor
mío, o amigo, o caballero... En fin, según el título o dictado de la
persona o del país.
REYNALDO.- Sí, ya estoy.
POLONIO.- Pues entonces él dice (62)... Dice... ¿Qué iba yo a decir
ahora?... Algo iba yo a decir. ¿En qué estábamos?
REYNALDO.- En que él concluirá diciendo al amigo o alcaballero.
POLONIO.- Sí, concluirá diciendo. Es verdad... (así te dirá
precisamente) algo iba yo a decir. Es verdad, yo conozco a ese mozo;
ayer le vi o cualquier otro día, o en tal y tal ocasión, con este o con
aquel sujeto, y allí como habéis dicho, le vi que jugaba, allá le encontré
en una comilona, acullá en una quimera sobre el juego de pelota y...,
(puede ser que añada) le he vistoentrar en una casa pública, videlicet en
un burdel, o cosa tal. ¿Lo entiendes ahora? Con el anzuelo de la mentira
pescarás la verdad; que así es como nosotros los que tenemos talento y
prudencia, solemos conseguir por indirectas el fin directo, usando de
artificios y disimulación. Así lo harás con mi hijo, según la instrucción
y advertencia que acabo de darte. ¿Me has entendido?REYNALDO.- Sí, señor, quedo enterado.
POLONIO.- Pues, adiós; buen viaje.
REYNALDO.- Señor...
POLONIO.- Examina por ti mismo sus inclinaciones.
REYNALDO.- Así lo haré.
POLONIO.- Dejándole que obre libremente.
REYNALDO.- Está bien, señor.
POLONIO.- Adiós.
Escena II
POLONIO OFELIA
POLONIO.- Y bien, Ofelia, ¿qué hay de nuevo?
OFELIA.- ¡Ay! ¡Señor, que he tenido un susto muy grande!...
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