Happines: amor, sexo y felicidad

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  • Publicado : 26 de agosto de 2010
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HAPPINESS (Amor, sexo y felicidad)

Nota: Los asteriscos numerados que se encuentra a lo largo del texto, refieren a comentarios anexos del autor, los cuales, en la versión impresa, aparecen en las páginas opuestas, mientras que en aquella para correo electrónico, han sido reunidos en la última página.

Escándalos se arma todos los días, casi por cualquier cosa (¡capaz que hasta por esteescrito se haga uno!). Pero, claro está, hay escándalos y escándalos; algunos son como para callado, otros muy sonados y con ecos que llegan hasta el último confín del mundo; estos últimos son los que se integran a la Historia y forman una especie de cola de cometa que se extiende detrás de cada siglo que se va. Aunque a ellos aportan todas las actividades humanas, hay algunas que resultan, por suscaracterísticas, especialmente prolíficas; tal es el caso del cine, que da lugar a una sabrosa lista. Extraído de ella, entre otros tantos revuelos que yo recuerdo, habría que mencionar el estreno de una de las películas más discutidas de las que se tiene memoria: “Last Tango in Paris” o “El Último Tango en París”, escrita y dirigida por Bernardo Bertolucci. La iconoclástica y violenta trama deeste filme, añadida a lo explícito de las relaciones sexuales representadas por los protagonistas, el célebre Marlon Brando y la muy sexy María Schneider, en las cuales el amor y la ternura estaban casi totalmente ausentes, causaron un más que justificado escándalo (para la época, se entiende...). Tanto fue así, que la MPAA (Motion Pictures Association of America) la clasificó con una gran R y conese estigma permaneció hasta 1997; entonces, recién cuando las costumbres imperantes habían hecho palidecer a las mostradas en la película, se la reclasificó como apta para mayores de 17 años. En Chile fue, por supuesto, drásticamente prohibida por la censura, siendo vetada durante todos los años del gobierno militar y más allá. Estrenada en 1972, yo podría haberla visto ese mismo año cuando, porrazones de estudio en Europa, pasé por París; sin embargo, a pesar de la expectación en torno al filme y de mi curiosidad relacionada con él, no encontré tiempo ni razón suficientes para hacer la larga fila frente a la boletería de alguno de los cines de los Campos Elíseos; tampoco quise verla en 1980 cuando, otra vez de visita en Francia, me percaté que aún se la exhibía, con pasable éxito. Ciertoes que, para ese entonces, la novedad para mí era menor, pues ya había leído partes del libro que, en inglés, sí se vendía en Chile... y digo partes porque, a pesar que mi manejo de ese idioma no era tan malo, la cantidad de palabras desconocidas me obligaba al uso frecuente del diccionario, sacrificio que sólo llegaba a ser compensado por el contenido de las páginas más tórridas (¿se habrán dadocuenta los profesores que tendrían mucho éxito en su labor sí se usase textos eróticos para la enseñanza de las lenguas?... o mejor dicho, de los idiomas...).
Bueno, y así se fue pasando el tiempo hasta que, no hace mucho, cuando salí del empacho mirando un vídeo pirata (copia de una copia de otra copia, que ya era copia de... etc.) supe que nada valioso me había perdido; la obra del realizadoritaliano me decepcionó profundamente y poco tuvo que ver en ello la mala calidad de la imagen, según pude corroborar recientemente, al verla una vez más, pero ahora en el Canal Space del cable (¡y es que el tema es tan sórdido y el desarrollo de la trama tan lento!). Sin embargo, repetirme el agridulce plato, condimentado con el saludable zapping de estos tiempos, sirvió para recordar el juego depalabras que el autor puso en boca de Paul (Brando) y que es apropiado para iniciar este escrito: verán, en uno de los pocos momentos tiernos que recuerdo del pastoso filme, Jeanne (la Schneider) jugando a ingenua y tras haber explorado gradualmente el cuerpo del famoso protagonista, hasta llegar más abajo de su vientre, aún no tan abultado, le preguntaba qué era eso tan raro que ella veía...
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