Heidegger y la pregunta por el arte

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Heidegger y la pregunta por el arte

Aunque no fue publicado hasta 1950, en el libro Caminos de bosque (Holzwege), “El origen de la obra de arte” data de 1936. Fue redactado, pues, en un momento de apogeo de las que conocemos como “vanguardias artísticas” (hecho éste bien significativo, como iremos viendo). Ese mismo año, además, apareció un importante escrito de W. Benjamin (“La obra dearte en la época de su reproductibilidad técnica”) que sería interesante leer conjuntamente al ensayo de Heidegger, no porque digan lo mismo sino, al contrario, porque lo que uno no dice lo dice el otro, a partir, eso sí, de un diagnóstico de la situación del arte en la “sociedad moderna” bastante parecido1.

El horizonte del escrito de Heidegger, aunque no lo menciona expresamente, es elintento –planteado como tarea histórica de gran alcance y calado, aquí sólo esbozada o dando sus primeros pasos- de “superar la Estética” (una expresión que aparece en los §§ 278-279 del libro –redactado entre 1936 y 1938- Contribuciones a la filosofía). Ese es, aún hoy, pensamos nosotros, nuestro mismo contexto, en el cuál estamos convocados, entre otras cosas, a volver a pensar las relaciones dela filosofía con las artes (y viceversa), por ejemplo (algo a cuya aclaración el ensayo de Heidegger puede brindar una nada despreciable ayuda).

Pero aunque en el ensayo de 1936 no se hable directamente de la necesidad de “superar la Estética” sí que se hace referencia, en su Epílogo, a un tema paralelo destapado por Hegel: el de la “muerte del arte”. Literalmente Hegel dice que “el artees cosa del pasado”. El sentido de esta tesis es controvertido; nosotros –en parte a partir de lo que Heidegger señala, en parte por nuestra cuenta- lo entendemos así: en la modernidad –en tanto protagonizada por una tecnociencia encarnada en la Industria y por un Estado que realiza el Derecho (en sus distintos aspectos)- el arte no tiene lugar propio, ha dejado de ser algo vivo, capaz de deciralgo socialmente relevante; sólo es, “cosa del pasado”, es decir, parte del “patrimonio histórico-cultural” (que visitamos como turistas –como cuando, ejercitando nuestra “conciencia estética” recorremos Iglesias románicas o Catedrales góticas, contemplándolas al margen de su significado religioso-). No todos los pensadores de la modernidad comparten este diagnóstico hegeliano; de hecho la‘propaganda oficial’ de la modernidad (desde los enciclopedistas franceses en adelante) declara que sólo en ella, con la institución de las Bellas Artes, la esfera estética ha alcanzado su ‘mayoría de edad’, su autonomía, emancipándose de la Nobleza y el Clero (el Neoclasicismo, primero, y el Romanticismo después, serían los “resultados” de este proceso)2. Pero la “autonomía de la esfera estética” es unfenómeno histórico ambivalente como bien testimonian las mismas “vanguardias artísticas” del

[pic]1 Un ensayo de G. Vattimo, “El arte de la oscilación”, en La sociedad transparente, ed. Paidós, 1990, tiene interés desde este punto de vista.
2 Un libro reciente, Larry Shiner, La invención de arte, ed. Paidós, 2004, proporciona una interesante versión del moderno nacimiento de las Bellas Artes.Puede leerse, también, la primera parte del libro de Marc Jiménez, ¿Qué es la estética?, ed. Idea Books, 1999, titulada precisamente “La autonomía estética”. 
siglo XX; al respecto, en su Teoría de la vanguardia, ed. Península, 1987, Peter Bürger escribe: «Los movimientos europeos de vanguardia se pueden definir como un ataque al status del arte en la sociedad burguesa. No impugnan una expresiónartística precedente (un estilo), sino la institución arte en su separación de la praxis vital de los hombres. Cuando los vanguardistas plantean la exigencia de que el arte vuelva a ser práctico, no quieren decir que el contenido de las obras sea socialmente significativo. La exigencia no se refiere al contenido de las obras; va dirigida contra el funcionamiento del arte en la sociedad, que...
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