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Asociación Psicoanalítica del Uruguay

Biblioteca On-line

La (im)posible neutralidad de un psicoanalista posible
Nadal Vallespir

Cuando escribo, me visito solemnemente. Tengo salas especiales, recordadas por otro en intersticios de la figuración, donde me deleito analizando lo que no siento y me examino como un cuadro en la sombra. Fernando Pessoa

Cada átomo de silencio es laposibilidad de un fruto maduro. Paul Valéry

Escribir sobre la neutralidad del psicoanalista es escribir sobre un imposible. Al menos, si la consideramos una neutralidad perfecta, absoluta, que no permite asomar vacilaciones, siempre acechantes, no siempre calculadas, que ponen permanentemente en jaque,

agrietándola, a una aspiración -la neutralidad no puede ser más que una aspiración- irrealizableaunque legítima.

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“A eso no respondió Ricardo Reis, las frases, cuando se han dicho, son como puertas, quedan abiertas, casi siempre entramos, pero a veces nos quedamos del lado de fuera, a la espera de que otra puerta se abra, de que otra frase se diga, por ejemplo ésta, que puede servir [...]” (Saramago, 1998). La cuestión es o, mejor, las cuestiones son: ¿cuándo entramos?, ¿cuánto tiempomás seguimos esperando?, ¿de qué tiempo

hablamos?, ¿cómo entramos?, ¿qué consecuencias tendrá en la transferencia, en el proceso analítico, nuestra manera de intervenir, el contenido de nuestra intervención (entrada), nuestra escucha (espera), mientras las frases van acudiendo, cada una al llamado de la otra, solicitándose, atrayéndose recíprocamente los decires pasados y los que vendrán,sustituyéndose en un discurrir revelador, tras el cual o, más bien, en el que una significación se desliza, ofreciéndose al que quiera y sea capaz de verla? Las puertas se van abriendo, incitándose unas a otras según un orden nada azaroso, como esas fichas de dominó que son derribadas una tras otra a partir del impulso dado a la primera. La frase que puede servir será dicha tanto por el analizantecomo por el analista. La esperaremos; aguardaremos por esa frase que estalla el discurso, que lo desgarra y que, al hacerlo, es dicho que produce acontecimiento, que hace acto psicoanalítico, que dice sobre el desgarramiento1. Si pensamos en un inconciente común que recubre a
El desgarramiento del discurso y el discurso del desgarramiento son examinados por Gil (1978) en su trabajo tituladojustamente El inconciente:
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analizante y analista, puntual, producto de la identificación en ese punto y en ese mismo instante, del analista con su paciente, la frase que sirve, enraizada en lo inconciente, del cual se constituye en formación, emerge en un síntoma, un acto fallido, un sueño, un lapsus o, en el mejor de los casos, en una interpretación que atraviesa al analista y busca salir porsu boca. Suponemos que un analista de experiencia sabría cuándo decirla, cómo decirla y aun qué consecuencias tendría en el analizando y en la transferencia, o sea, también en el propio analista. Hasta aquí vamos bien. Admitamos todavía que este avezado analista cometa un error, tenga un mínimo traspié o sufra un tropiezo mayúsculo, entre por la puerta equivocada o se precipite a cruzar el umbralde la correcta (¿hay una correcta?) antes de (su) tiempo, de él y del analizante. La prosecución del proceso psicoanalítico, los nuevos (y viejos), los futuros decires, irán desenmascarando el error. Siempre y cuando el analista (recordemos que la resistencia es suya) no padezca una ceguera que le siga impidiendo ver eso inconciente común, en cuyo caso las puertas abiertas sólo le mostrarán unapenumbra espesa que se expande desde fuera, o no se haya encargado él mismo de volver a cerrar esas puertas entornadas, nunca abiertas de par en par, fascinado y horrorizado por los tesoros descubiertos a su mirada. Claro que nos asombraríamos si eso le ocurriera a nuestro experimentado analista. Esperemos que no le suceda y regresemos mientras tanto a la neutralidad.
desgarramiento del discurso...
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