Historia de la decadencia de roma

H I S T O R I A D E L A D E C A D E N C I A Y R U I N A D E L I M P E R I O R O M A N O E D W A R D G I B B O N

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Traducción: José Mor Fuentes © 2000 – Copyright www.elaleph.com Todos los Derechos Reservados

HISTORIA DE LA DECADENCIA Y RUINA...

Capítulo primero Extensión y fuerza militar del Imperio en tiempo de los Antoninos. En elsegundo siglo de la era cristiana, abarcaba el Imperio de Roma la parte más florida de la tierra y la porción más civilizada del linaje humano. Resguardados los confines de tan dilatada monarquía con la fama antigua y el valor disciplinado, el influjo apacible y eficaz de leyes y costumbres había ido gradualmente hermanando las provincias. Disfrutaban y abusaban sus pacíficos moradores de lasventajas del caudal y el lujo, y conservábase todavía con decoroso acatamiento la imagen de una constitución libre. Poseía al parecer el senado romano la autoridad soberana, y trasladaba a los emperadores la potestad ejecutiva del gobierno. Por el espacio venturoso de más de ochenta años, manejó la administración pública el pundonoroso desempeño de Nerva, Trajano, Adriano y los dos Antoninos; y tanto enéste como en el siguiente capítulo, vamos a describir la prosperidad, y luego, desde la muerte de Marco Antonino, a puntualizar las
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EDWARD

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circunstancias más abultadas de su decadencia y ruina: trastorno para siempre memorable y todavía perceptible entre las principales naciones del orbe. Las grandiosas conquistas de los romanos fueron obra de la república, y los emperadores sesolían dar por satisfechos con afianzar los dominios granjeados por la política del senado, la emulación de los cónsules o el marcial entusiasmo del pueblo. Rebosaron los siete siglos primeros de incesantes y ostentosos triunfos; pero quedaba reservado para Augusto el orillar el ambicioso intento de ir avasallando la tierra entera y plantear el sistema de la moderación en los negocios públicos.Propenso a la paz por temple y situación, érale obvio el echar de ver que a Roma ensalzada a la cumbre le cabían muchas menos esperanzas que zozobras en el trance de las armas; y que en el empeño de lejanas guerras díficultábase más y más el avance, aventurábase más el éxito, y resultaba la posesión en extremo contingente cuanto menos provechosa. La experiencia de Augusto fue dando mayor gravedad aestas benéficas reflexiones, y vino a persuadirle que con el atinado brío de sus disposiciones afianzaría desde luego cuanto rendimiento requiriesen el señorío y la salvación de Roma por parte de los bárbaros más desaforados. Ajeno de exponer su persona y sus legiones a los flechazos de los partos, consiguió, por medio de un tratado honorífico, la restitución de los pendones y los prisioneroscogidos en la derrota de Craso1.
Dión Casio (LIV, 736) con las anotaciones de Reimaro, que ha ido agolpando cuanto la vanagloria romana dejó sobre este particular. El mármol de Ancira, sobre el cual esculpió Augusto sus propias hazañas,
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Intentaron sus generales, en el primer tercio de su reinado, sojuzgar la Etiopía y la Arabia Feliz, y marcharonmás de trescientas leguas al sur del trópico; pero luego el ardor del clima rechazó la invasión y apadrinó a los desaguerridos moradores de tan arrinconadas regiones2. El norte de Europa no era acreedor a los gastos y fatigas de la conquista; pues las selvas y pantanos de Germania hervían con una casta brava, despreciadora de la vida sin libertad, y aunque en el primer encuentro aparentaron ceder alempuje del poderío romano, luego, por un rasgo de desesperación, recobraron su independencia, y recordaron a Augusto las vicisitudes de la suerte3. Al fallecimiento de aquel emperador, leyóse públicamente en el senado su testamento, que dejaba por herencia de entidad a sus sucesores el encargo de ceñir el Imperio en aquellos confines que la naturaleza había colocado al parecer como linderos o...
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