Historia de la educación

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HISTORIA DE LA EDUCACIÓN

UNA "REFLEXIÓN SOBRE LA MUERTE", QUE ESCRIBIÓ DON JAIME (José Luis Martínez)

"El doctor llega a verme temprano y de buen humor. Debe haber almorzado con apetito. A pesar de su edad -me ha dicho que es septuagenario- la vida le sonríe, por lo menos profesionalmente. Ha visto mis radiografías y tengo la impresión de que durante la noche consultó varios textos clásicosy leyó algún buen artículo sobre el mal del que estoy sufriendo. Me examina, más por costumbre que por verdadero interés de reconocerme. Su convicción está hecha y no creo que las auscultaciones rápidas que practica tengan ahora, a su juicio, mucha importancia.

"Lo interrogo... Y, de pronto, sin la menor transición, me revela lo que yo presentía. Mi caso es en extremo serio. Tal vez exista uncáncer en la siliaca. 'A usted -me dice, con cortesía que no me halaga- sería inútil pretender engañarlo.' Añade algunos elogios, que por lo visto no merezco, puesto que su ruda franqueza destruye, enseguida, la confianza que podría yo conservar en las fuerzas de mi carácter. Disimulo, movido por un postrer sentimiento de orgullo. Y le oigo, con fingida tranquilidad. Quiere explicarme que, acaso,realmente, no se trate todavía de un cáncer; pero que, de todas maneras, la operación se impone. Lo comprendo perfectamente: aunque no exista el cáncer -cosa que sólo podrá averiguar durante la intervención o después de ella- ésta implicará peligros incuestionables.
"Mientras habla, considero el intenso color rosado de sus mejillas. Lo siento tan incrustado en el mundo de la salud que no sé cómoperdonarle la serenidad con que me desplaza de ese universo con su diagnóstico... Es cierto, acaba por confortarme. Alude a dos o tres consecuencias de la operación que me propone. Adivino que, en su fuero interno, tales explicaciones no significan nada muy favorable. Me los ofrece, no tanto por piedad cuanto por respeto a las tradiciones de su oficio, como el gran violinista que no vacila enañadir -en calidad de encore- a la intervención de una marcha fúnebre, algún trozo alegre, rápido y melodioso. Un minueto de Mozart, pongo por caso.

"Me quedo solo frente a mi angustia. Voy a tener que esconderla a los seres que me rodean. Me juzgan frío y voluntarioso. Yo mismo no creía conservar tanto amor por la existencia. Y he aquí que la idea de abandonarla, tal vez muy pronto, me llena dedesconcierto. Hasta las expresiones de que me sirvo delatan mi malestar. ¿Qué significa, en efecto, esa frase: Abandonar la existencia? Cuando muera, no seré yo, por cierto, quien la abandone, sino ella la que me arrojará de su torbellino.

"Hace meses, al redactar mi libro sobre Tolstoi, dediqué en él todo un capítulo a una de sus mejores novelas: La muerte de Iván Ilich. Dije entonces que se vivey se muere solo. La diferencia estriba en que, mientras vivimos, hay seres que nos odian y que nos aman. Nos envidian o nos desprecian; pero el que sabe que va a morir está más allá del odio y del amor, de la envidia y hasta del desprecio. ¿Qué valen, sobre un cadáver, las condecoraciones o los insultos?

"Me asalta la amargura de estar viviendo, a mi modo, los días finales de Iván Ilich. Comoa él, me irritan la alegría, la salud y la fuerza de los demás. Todos ellos tienen proyectos. Van a ver a sus amistades; llaman por teléfono para averiguar si la hora de esta o aquella cita se ha alterado. Sonreirán de cosas que ya no comprendo ahora. Hablarán de asuntos que, para siempre, ya no me afectan. Cada sonrisa que se dibuje en sus labios y cada palabra que digan los alejarán -aunque nolo quieran- de la pobre inquietud humana en que me debato.
"Condenados a muerte, lo estamos todos. Mientras la salud nos engaña, ignoramos lo riguroso de semejante condena. Vivir constituye un acto magnífico de egoísmo. El temor de morir no es menos egoísta sin duda, pero carece de toda magnificencia. Nos revela, de un golpe, lo absurdo de haber vivido como vivimos. Y nos demuestra -no con...
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